Primero, no hagas daño

From Sophivorus

Primero, no hagas daño es un principio conocido sobre todo por estar restringido a la medicina. Sin embargo, creo que debería estar por encima de otros principios morales como «no matarás», «trata al prójimo como te gustaría que te traten» e incluso «se el cambio que quieras ver en el mundo». Claro que como todos los principios mencionados, tiene sus detalles y excepciones. Pero la idea central que trasmite merece un lugar en el panteón de la moralidad. Este principio implica no matar, no torturar y muchos otros principios morales.

La forma más benigna de vivir es de los frutos de los árboles. Los árboles, una vez crecidos, producen mucho más de lo que una familia puede consumir. Plantar árboles requiere poquísimos insumos, muchísimos menos que el cultivo intensivo, y por lo tanto es más sostenible, pues depende menos de insumos producidos de maneras insostenibles. Su trazabilidad es muy baja, mínima, insignificante incluso. Además los árboles traen muchos beneficios para el planeta, los animales y las personas: sombra, alimento, madera, oxígeno y además absorben dióxido de carbono y lo fijan a la tierra.

¿Qué hay de las demás plantas? Comer una hoja es dañar una planta. ¿Se debe entonces evitar comer hojas? Las plantas nos dan sus frutos (no sus hojas, ni sus semillas) con el fin de que los comamos y así distribuyamos sus semillas. De modo que si uno quisiera no dañar a las plantas, comer sus frutos sería la única manera. Por otra parte, el cultivo intensivo suele ser dañino para los animales, el planeta y las personas. Bien ejecutado, puede no ser tan dañino e incluso benéfico, pero muy poco comparado con alternativas.

Vivir sin hacer daño es fácil, pero pasar de llevar una vida dañina a llevar una vida benigna puede ser muy difícil. Sin embargo, la buena noticia es que los beneficios se cosechan con cada paso y no solo al final del camino.