Dos corrientes de la pulsión

From Sophivorus

La pulsión tiene:

  • Cuatro elementos: objeto-fin o meta-empuje y fuente
  • Cuatro destinos: transformación en lo contrario, vuelta sobre sí mismo, represión y sublimación
  • Dos corrientes: la tierna y la sensual

La constitución de la sexuación tiene como fundamento un carácter bifásico: sexualidad infantil (propia del complejo de Edipo) y sexualidad adulta (caracterizada por el hallazgo de objeto). Lo puberal-adolescente aparece como interfase con sus trabajos específicos, un entretiempo.

Freud plantea que la normalidad de la vida sexual es garantizada por la exacta coincidencia de las dos corrientes dirigidas al objeto y a la meta sexual: la tierna y la sensual. El encuentro de las dos corrientes de la pulsión en el (nuevo) objeto y con la (nueva) meta (penetrar/ser penetrada) de la pulsión en la pubertad, es una perfecta coincidencia.

La corriente tierna proviene de la primera infancia, se ha formado sobre la base de los intereses de la pulsión de autoconservación. Corresponde a la elección infantil primaria de objeto. La ternura de los padres y personas a cargo de la crianza, que rara vez desmiente su carácter erótico contribuye en mucho a acrecentar los aportes del erotismo a las investiduras de las pulsiones yoicas en el niño.

En "pulsiones y destinos" Freud dice que tenemos razones para distinguir pulsiones de meta inhibida, a saber, mociones pulsionales de fuentes notorias y con meta inequívoca, pero que se detienen en el camino hacia la satisfacción. De esta clase es por ejemplo el vínculo de la ternura que indudablemente proviene de las fuentes de la necesidad sexual y por regla general renuncia a la satisfacción. Esta corriente se pone al servicio del mantenimiento y desarrollo de las relaciones afectivas donde no interviene el erotismo, lo que Freud denomina "inhibición del fin de las pulsiones".

Al lado de las pulsiones libidinales de pleno efecto y de las pulsiones de autoconservación, se instalan las pulsiones libidinales inhibidas en su fin o de carácter sublimado, derivadas de las pulsiones libidinales 🡨 corriente tierna de la pulsión.

En la pubertad se adiciona a la pulsión sexual, la poderosa corriente sensual, que ya no ignora sus metas (penetrar/ser penetrada) ni su objeto (genitales del sexo opuesto instaladas en la categoría de femenino/masculino). Esta corriente constituye el erotismo genital, nunca deja de investir con montos libidinales más intensos los objetos de la elección infantil primaria. Pero como tropieza ahí con los obstáculos de la barrera del incesto y los diques morales de la pulsión, construidos en la latencia, exteriorizará el afán de hallar lo más pronto posible el paso de esos objetos inapropiados en la realidad hacia los objetos ajenos, con los cuales pueda cumplirse una real vida sexual.

La integración de las pulsiones en la genitalidad tendría su punto cúlmine en el amor de objeto que reúne ambas corrientes de la pulsión. A su vez, la insatisfacción no es del orden del coito, sino del amor (desarticulación de las dos corrientes).

Desarmonía fundante de la sexuación 🡪 en primer lugar a consecuencia de la acometida de la elección de objeto en dos tiempos separados por la interposición de la barrera del incesto, el objeto definitivo de la pulsión sexual ya no es nunca el originario sino un subrogado (sustituto) de este.

Lo puberal-adolescente aparece como momento de rehistorización de lo infantil ligándose con las inscripciones de lo nuevo.

La pulsión y el altruismo: "La pulsión se pone al servicio de la reproducción, se torna altruista"

  1. En la infancia, el niño crece entre autoerotismo, narcisismo y elección infantil de objeto. Hay una orientación (hetero u homosexual) en la elección de objeto. Pero esta última implica una relación de vincularidad; encontrar el máximo placer en el orgasmo en relación al compañero, generar placer en el otro. Este es un sentido del hecho que la pulsión deja de ser egoísta y se vuelve por así decir altruista. La alteridad se está constituyendo junto con el erotismo (concepto de la cátedra).
  2. Si la pulsión se pone al servicio de la reproducción y esto entonces abre a la cuestión de la relación del sujeto con un interés que no es exclusivamente individual sino de la "humanidad", también aquí asistimos a la transformación de la pulsión hacia el altruismo: la consideración por lo altero es el acoplarse a un interés colectivo.