Historia Argentina II

From Sophivorus

Tema 1: Buenos Aires y la Confederación. Politica de elites y facciosa

LETTIERI “De la República de la opinión a la República de las instituciones”

La excepcionalidad de Rosas, a menudo se ha considerado en la magnitud de sus cambios y en que los mismos habrían permitido corporizar un proyecto de país formulado por una generación de intelectuales aislada, en los años oscuros del rosismo.

Los miembros de la comunidad letrada al momento de pensar la Argentina moderna, parecen haber expresado una decidida cohesión ante la prueba común del exilio antes que la adhesión a un modelo compartido de país.

Los proyectos elaborados ofrecían un abanico de opciones poco compatibles ante la urgente necesidad de transformación. Sobretodo, en lo que se refería a características del liderazgo político y del consenso social importante para abordar la transformación de la República. Fueron elaborados en la década de 1840. Los ensayos elaborados por la intelectualidad liberal se preocuparon por direccionar un cambio y reconocer a sus posibles aliados e interlocutores en el momento de conducir y reforzar el proceso de transformaciones. ( Que requería modificar el debate intelectual)

Alberdi en su exilio publica “La Republica Argentina 37 años después” (1847) donde se trazaba un panorama favorable del país donde se reconocía su prosperidad y presencia internacional, dándole importancia a las bases puestas al poder político de Rosas. Su diagnóstico se acompañaba con la prescripción de institucionalizar la política (que dudaba que el Restaurador de leyes pudiese implementar)

Difería de Sarmiento, que en el Facundo tenía expectativas en el ritmo del crecimiento económico alcanzado en la normativización del poder político. Para él, el federalismo era la voluntad del pueblo argentino, burlándose de los unitarios. El hombre elegido para derrocar a Rosas era Urquiza. Los textos de este autor aparecieron en una época de decadencia interna del rosismo y donde se sumaban nuevos movimientos por la autonomía en provincias del interior. Esta situación se agravaría aún más, por la ruptura de relaciones por la intromisión de Rosas en Uruguay y su rechazo a la libre navegación en el Río Paraná. (Formando alianza con Paraguay) Urquiza repudió este acto de Rosas y entró en acuerdos con Brasil, Uruguay, y delegaciones de Francia/ Inglaterra encabezando el Ejército Grande Aliado de América del Sur, con el cual se aprestaba a terminar dos décadas hegemónicas del rosismo en Argentino.

Felix Frías aspiraba a la restauración de un orden que asegurase el ejercicio pacífico de la autoridad política por parte de una elite cualificada. Era fundamental, que las masas populares dieran obediencia fundada en el acatamiento de un codigo moral sobre creencias religiosas que las masas comparten. En el presente y en el futuro era importante la religión católica, previo a generar un orden politico determinado donde surja el proyecto nacional. Su propuesta veía la necesidad de impulsar la inmigración que aumente la fuerza de trabajo disponible. Esbozando un perfil inmigrante caracterizado por su moralidad, religión catolica y el hábito del trabajo.

Para Echeverría las revoluciones del 48, marcaron el fin del proletariado, junto a la necesidad de resolver la cuestión del cambio social y poniendo esperanzas en la eficacia de la educación.

Para Fragueiro, había una distinción entre propiedad publica y privada. El estado estaría en condiciones de abordar la realización de empresas y trabajos publicos, seguros, comunicación, etc mientras que en la iniciativa privada, sólo publicaciones oficiales estaban autorizadas a realizar avisos pagos. Esto estaría destinado al fracaso, sobretodo con el dominante espíritu liberal, que respetaba la libertad humana para que cada uno pudiera forjar su propio destino.

Alberdi en sus BASES sostenía que la creación de una sociedad más compleja debía ser el objetivo de una nueva economía, que se direccionaba asignandole a una elite economica y política que había alcanzado prosperidad durante la epoca de Rosas. Ahora, debía heredar eso. Define un contexto politico preciso una  “Republica Posible” que garamtice la centralización y la autoridad de destruir cualquier pretensión de arbitrariedad. Resumía el programa adecuado para una alianza anti-terrorista, ofreciendo un país nuevo que superaría su condición de “Republica Posible” y pasaría a ser una “República Verdadera”, con derechos políticos y civiles ampliados.

Frente a esto, Sarmiento, ofrecía matices, colocando como requisito para el progreso economico al cambio sociocultural. Estados Unidos, era un modelo alternativo, conciliando libertad e igualdad, demostrando que la pobreza en las sociedades no era necesario. Presentaba una sociedad fundada en la integración de mercado nacional, y alfabetización que oriente la dirección del cambio. Influído por Tocqueville, el regimen estaba atravesado por una turbulencia producida por la participación de la opinión pública.

Ante el segundo plano de Alberdi en el cual, la clase letrada debía limitarse a subordinarse a los sectores propietarios de los años del Rosismo. Le daba  un papel dirigente a una clase letrada con una conducción política atenta al cambio de alianzas e intereses nacional/internacionalmente.

Sarmiento en cambio, asumía la nueva politica como aventura individual, en la que ningun medio debía ser descartado previamente para alcanzar el ascenso personal.

LA REPÚBLICA DE LA OPINIÓN: A fines de 1851, Sarmiento se integró al Ejercito Grande comandado por Urquiza (con una función directiva). El papel marginal asignado sería una causa de la profunda enemistad con Urquiza.

Urquiza sería incapaz de ser el heredero de Rosas. Una heterogenea alianza formada por liberales y personas de primera línea rosista, se adueña de la provincia de Buenos Aires declarando su sucesión del nuevo orden que estaba lejos de perfeccionarse.

Como temía Alberdi, el periodismo guerrero del rosismo parecía mantener el clima de guerra civil. Caseros había cuestionado la hegemonía porteña, al derrumbar el sistema de poder creado por Rosas, que Alberdi confiaba en heredar en la etapa siguiente de conformar una nación. La generación del 37, defendió al Libertador y  las autoridades provinciales designadas. Vicente Fidal Lopez, consideraba conveniente abolir las provincias considerandolas nichos de autoritarismos nacionales. Para su desgracia en ese incomodo ejercicio de memoria radicaría la razón de su impopularidad en su ciudad y un destino de exilio próximo.

Alberdi escribirá en su exilio, las Cartas Quillotanas (en Quillota, Chile). Analizaba el papel de la prensa en el proceso de transformaciones que se disponía a acometer Argentina. Destruía las propuestas de Sarmiento para una nueva nación, calificandolo como “montonero de la prensa”.

Sarmiento respondía en Las Ciento y Una a efectuando sátiras.

Los enfrentamientos de opiniones mediante periódicos daban vida a constantes polemicas.

LA REPUBLICA DE LA OPINIÓN: El Regimen politico que dio vida a la Revolución de Septiembre se inspiraba en las clásicas tradiciones republicanas bonaerenses, en una renovada relación entre una clase politica en formación y opinión pública ampliada, cuyo mandato se invocaría hasta el momento de diseñar al nuevo curso político del Estado porteño.

La opinión publica comenzó a nacer cuando vio un acuerdo o tratado celebrado de formas insutadas, que nadie quería adoptar/defender y que debía aparecer como documento oficial cuando estuviera en el pueblo (el vencedor de Rosas) como si el tratado solo pudiera ser demostrado con el poder de las armas.

Esta situación causaba el recelo de Urquiza, que se apresuró a condenar a destierro, a legisladores y periodistas, opositores, imponiendo la censura previa y haciendose cargo personalmente del poder ejecutivo provincial.

La base política local de Urquiza era escasamente confiable. Buenos Aires recuperaba su autonomía bajo la autoridad de una nueva clase politica que integraba a retornados liberales y ex rosistas, respaldada por grupos propietarios que odiaba la autoridad politica de un jefe del interior. La provincia, a su vez, ganaba fortaleza militar. Una republica clásica comenzaba a delinearse sobre el escenario. Los actores politicos se apresuraban a definirse como elite cualificada, capaz de interpretar la voluntad de una opinión publica ampliada. Una vez recuperada la autonomía, las nuevas autoridades porteñas encabezadas por el gobernador Alsina, intentron exportar la revolución, tratando de ganarle a la Confederación Urquicista.

El largo sitio de Buenos AIres apoyado por la fuerza de la Confederación y por los intelectuales del círculo de Urquiza, no domesticarían a la Provincia Rebelde. La derrota del sitio de Buenos Aires significaba la confirmación de que quien dispusiese de los fondos de la Aduana porteña, detentaría un predominio incuestionable a nivel nacional y que Buenos Aires, sólo aceptaría incorporarse al nuevo orden político nacional desde una posición de poder.

La sanción de la Constitución Nacional era un hecho sustantivo destinado a tener enorme trascendencia dentro de la vida política local. Sarmiento resaltaba que la paradoja de que el autor del Proyecto, era un abogado que no logró serlo en la patria para la cual quería “legislar”. Comparando la Constitución argentina y la estadounidense y mostrando punto por punto, el alejamiento entre ambas.

La replica de Alberdi sería con ironía, para disolver la unidad e integridad nacional en Argentina hubiese bastado con aplicar al pie de la letra el modelo norteamericano que propragandizaba Sarmiento, convirtiendo en Estados a los que eran y habían sido historicamente provincias de un sólo Estado. El partido Federal no había formulado nunca un proyecto, los unitarios habían reducido el derecho publico provincial al regimen municipal y a la función de los agentes del poder central. Rosas, para Alberdi, era usufructuario para hacer el mal, de instituciones que Rivadavia creó para “hacer el bien”. Los herederos de Rosas en la provincia de Buenos Aires mostraban una censurable continuidad con el Caudillo Palermo, en lo referido a la concentración de ventajas politicas y rentisticas en desventaja del resto de la Republica.

La victoria del 11 de Septiembre en 1852, mostraba que la anarquía dejaba el terreno de la política personal y militante, avanzando sobre el de las instituciones fundamentales, al punto de ser una verdadera revolución codificada. Para Alberdi, esta sanción demostraba que la sensibilidad política era ya otra aún cuando tras ella descansase el viejo motivo monopolico que  enfrentara intereses de Buenos Aires y del Interior desde los lejanos días de la Revolución de Mayo.

La redacción de la nueva Constitución provincial modificó el clivaje político. El estilo de Sarmiento, agresivo y polemico, que alcanzaba su maxima intensidad en el debate entre liberales y un circulo prestigioso de federales reformistas ligados a Urquiza. La polemica resultaba desfavorable a Sarmiento, a quien las autoridades ordenaron que se apartara. Mientras en la ciudad la opinión parecía estar dividida, en la campaña, los partidarios de Nicolás Calvo, eran una mayoría respetable.

Alberdi, recomendaba hacia fines de 1857, la necesidad de revivir un nuevo Caseros, que permitiera salvar la integridad de la Confederación Argentina. Su receta, parca, consistía en que la fuerza del derecho debía apoyarse en la fuerza armada. La reforma de la Constitución para él significaba un favorecimiento a la provincia de Buenos Aires. La inminente sucesión presidencial fortalecía sus dudas, una presidencia débil, condenaría a la Confederación a una verdadera catastrofe.

Tras la derrota electoral de 1857, en la Confederación, la situación estaba caracterizada por un universo de periódicos oficiales que no dejaba ningun lugar para la oposición. A la distancia, Alberdi, formulaba un juicio terminante, aunque simplificador, sobre las condiciones de soltura de la prensa. “Hay dos opiniones que chocan, porque hay dos gobiernos incompatibles”.

Los límites de la prensa porteña, se definían por un gobierno particularmente sensible a razones de de alta política y por opinión pública con verdades reveladas de tradiciones liberales propuestas por Mitre, quien proponía una historiografía oficial, adoptando un concepto ejemplar de la historia, modelo de los pueblos en los rasgos sobresalientes y los sueños de sus hombre memorables. Diseñaba un formidable instrumento politico ideologico que le permitía sintetizar los intereses e inspiraciones que lo habían conducido a la actividad política y militar. Para Mitre, aún cuando el pueblo no aparezca, su voluntad era interpretada por esa minoría cualificada que en el pasado estaba conformada por Belgrano/liberales porteños y ahora, se articulaba alrededor.

La Republica de la Opinión, hundía sus raíces en la Buenos Aires contemporanea, alcanzaba a diferenciarse en un punto sustantivo de la larga pesadilla rosista. Ese punto era la voluntad de las elites cualificadas actuales, de satisfacer las demandas de la opinión pública que encontraba en sus representantes un entendimiento tácito que debía servir como modelo y escuela para sus provincias vecinas, menos favorecidas.

La derrota del sitio de Buenas Aires y la inmediata división de la provincia permitían comprobar que la fuerza había permitido doblegar a Rosas, no bastaba para imponer un regimen duradero. La dificil conciliación de intereses y aspiraciones contrapuestos, habían conducido a la postre a una reedición de la disputa armada.

En la Argentina de la época existían espacios de poder, pero no un poder central con entidad suficiente para obrar en nombres de todos. Alberdi y Fragueiro, consideraban indispensable heredar el poder político del rosismo, para imponer la unificación definitiva de la nación. Urquiza había fracasado en ello y la negativa de Buenos Aires a integrarse a la Nación en los terminos dispuestos por el Acuerdo de San Nicolás, el cual era la prueba más dañina de la ventaja que algunas partes manifestaban respecto del nuevo centro de poder.

Las posiciones adoptadas en la disputa política de los años cincuenta permiten reconocer dos concepciones predominantes respecto de las caracteristicas que debería adoptar el Estado Nacional . Se definía el papel que Buenos Aires debería desempeñar dentro del nuevo orden. Por una parte, hay una postura integracionista, que sostenía que el papel de Buenos Aires, era reducirse a ser el capital del sistema federal en situación dependiente respecto a las demás provincias. (Proclamada por Alberdi y la Confederación) . Mientras que por otro lado, podía consagrarse a la conducción de un orden estatal desde la posición dominante que le daba su poder, economía y población, según lo sostenido por Mitre. La posición separatista asumía la defensa de Buenos Aires, sosteniendo la necesidad de preservar su autonomía. (Levantada por Nicolas Anchorena, Lorenzo Torres ) O bien a alternativa de acotar la constitución politica del estado, aplicando enseñanzas y controles como en Occidente (Propuesto por Sarmiento).

Ambas vertientes reconocían tendencias moderadas y radicales.

La Convención reunida en Buenos Aires no ahondó en un sesgo integracionista, procurando acercar al espiritu de la Constitución de 1853 al modelo norteamericano y escuchando a la larga prédica de Sarmiento.

Como Alberdi decía, el sentido de las reformas no resultaba beneficioso para la Confederación, que se limitaba a legitimar la continuidad de la autonomía porteña. El nuevo presidente, Derqui, sería presa de la meditada y efectiva politica del nuevo gobernador porteño (Mitre) quitandose el respaldo de Urquiza cuando los ejercitos volvieran a enfrentarse en Pavón (1861)- Con Mitre al poder, Buenos Aires, se reintegraba a la unidad nacional.

VICTORIA Y DECADENCIA DE LA “REPUBLICA DE LA OPINIÓN”: La retirada de Urquiza del campo de batalla, abrió en favor de Mitre un inmenso espacio de la acción. Sin embargo, el gobernador porteño, se dio cuenta de los limites de su victoria, el avance de las fuerzas nacionales sobre los ultimos reductos federales sería posible unicamente con reconocer al general Urquiza un lugar de privilegio en la constelación política surgente.

El nuevo encargado del Ejecutivo Nacional no demoraría en anunciar su firme voluntad de impulsar la institucionalización política definitiva de la República. Para Mitre, la República de la Opinión porteña había jugado su papel decisivo en la recuperación de la hegemonía nacional.

Alsina, inspirado en un espíritu confederacionista que privilegiaba los derechos de las provincias y abogaba por la imposición de limites al avance del Estado Central y la concepción inversa, sustentada por el Ejecutivo Nacional que veía en el predominio de las provincias, la condena a una anarquía perpetua. Aún cuando el Congreso decidió aprobar el argumento centralista que disponía la federalización de toda la provincia y la residencia durante tres años de las autoridades nacionales en la ciudad de Buenos Aires, la Constitución Nacional reformada en 1860, exigía previamente el visto bueno de la legislatura bonaerense.

La propuesta efectuada consistente en la declaración de la Ciudad de Buenos Aires como residencia de autoridades nacionales, hasta entonces, el Congreso designase la capital permanente de la Nación, fue sancionada por Ley Nacional.

El gobierno nacional imponía su visión hegemonica del federalismo sobre el resto de las provincias, Buenos Aires y Entre Ríos disfrutaban de una versión mucho más similar a la de confederación de estados.

La victoria del Estado mitrista solo podría consolidarse mediante conflictos armados. Las ultimas montoneras federales serían exterminadas por la acción de jefes nacionales y caudillos provinciales, aliados al Estado Nacional. La ejecución de José Peñaloza (El Chacho) quedó en la memoria popular como la muestra ofensiva desatada entre 1862/64. La participación argentina en la guerra del Paraguay, jugaría un papel decisivo en la estrategia militar del nuevo regimen, permitiendo imponer el silencio y una dura paz armada a las fuerzas politicas opositoras. La movilización urbana de la Republica de la Opinión sería liquidada en 1865. Con las graves limitaciones del estado de sitio (sancionado por la participación de Argentina en la triple alianza) dos facciones nacidas de conflicto de cuestión del capital monopolizaron la vida politica y la administración. (Nacionalismo/mitrismo y autonomismo/alsinismo)

La Republica de la Opinión alcanzaba su cima para descomponerse velozmente, por una institucionalización e integración nacional que reclamaba la definición de una dinámica

politica excluyente.

Urquiza tenía una línea politica suicida, multiplicando los motivos de rechazo y en su contra tenía al viejo tronco federal. No dudaría en renovar esa posición que había sido considerada como tragica.

El sistema constitucional ponía trabas a la reproducción de la hegemonía de cualquier provincia, por poderosa que sea. Si Mitre intentaba utilizar al gobierno nacional como base alternativa, no evitaría una estrecha dependencia de buena voluntad de gobernador porteño, para retener un poder considerable y continuar gobernando al país desde Buenos Aires. La escasa fortuna militar de Mitre se combinó con su derrota electoral, por parte de Alsina y su Partido Autonomista.

El estado nacional quedaba convertido en huesped de una ciudad gobernada por la oposición.

Los ultimos dos años de Mitre, implicaron una dura prueba y preocupación de concluir en paz su mandato para poder investir a su sucesor constitucional. Su carta de Tuyú Cué impugnaba las candidaturas de Urquiza y Alsina como de Sarmiento. Limitandose a instar a los liberales a reunirse en torno a un candidato común , sin fuerzas suficientes para imponer a un hombre de su confianza.

La victoria de las fuerzas de Buenos Aires, luego de la batalla de Pavón, fue un punto clave para la reaparición de un pensamiento antiporteño. Sus exponentes, Alberdi, Guido, Andrade, etc. (quienes habían sido miembros plenos del circulo de Urquiza durante su gobierno Nacional en el Paraná de los cincuenta.

La obra de Olegario Andrade sostiene que las cuestiones de organización del gobierno, de instituciones liberales fueron los diferentes trajes que adoptó la cuestión economica. Sólo una cuestión politica era fundamental: Si las Provincias Unidas o Buenos Aires controlarían la abundancia material del país. Buenos Aires tenía todos los puntos a favor en la lucha economica, los caudillos en las provincias habían surgido como resultado fatal de la confiscación de la fortuna de las provincias hechas por Buenos Aires.

Los porteños habían demostrado una notable unión, ignorando diferencias politicas superficiales. Unitarios y federales conformaban un partido de mercaderes politicos sin fe e invisible. En él, Rivadavia y Rosas eran colaboradores (inconscientemente) en el desarrollo de una politica restaurada por Mitre tiempo después.

Andrade presentaba a Urquiza como hombre preocupado en levantar la bandera redentora de las libertades argentinas creando un Congreso, Constitución y Gobierno Nacional. Las bases de Alberdi fue su obra más significativa y atípica. Pareció prescribir un nuevo consenso limitado a las fuerzas políticas del interior. Revalorizaba la figura del gaucho (ingrediente indispensable del nuevo edificio de la nacionalidad) También en Las Cartas Quillotanas, aparecía una condena al liberalismo y se le acusó de querer aplicar el exterminio de las poblaciones pastoriles de la republica.

Alberdi insistió en afirmar que los caudillos eran los representantes más naturales de la democracia sudamericana. Denunciando a Mitre/Sarmiento y miembros de la escuela lineral, querían reemplazar a los caudillos por caudillos de frac. (Convirtiendo la democracia en oligarquía)

No coincidía con la historia mitrista, que adoptaba a la nación con el sueño de grandes hombres, señalando un horizonte de progreso para la Nación. Para Alberdi, pedir que la parte inculta (tan soberana como su opuesta) de poder a miembros que no reconoce o entiende es insensato. El horizonte admisible era una nación inclusiva con espacio para todos, libre de la guerra civil y del derramamiento de sangre que había causado la intolerancia del liberalismo. Como Andrade, sostenía que la división nacionalistas-localistas porteños era antigua.

Junto con la muerte del Chacho, la guerra del Paraguay y los sacrificios soportados por las sufridas poblaciones nativas, ocuparon un papel importante en la literatura antiporteña.

Mitre afirmó que Rosas y los caudillos, antes que sus creadores, habían sido producto de una realidad politica sin suerte. Sólo el resultado de su epoca.

Para Alberdi, la cuestión del Paraguay era una faz de la cuestión interior argentina, sin la cual el conflicto no llegaría a tomar forma. En un momento en que Buenos Aires estaba luchando por librarse de los caudillos del interior, el único bueno era el muerto.

Guido y Spano, opinaban que los liberales porteños manifestaban poca consideración por la vida de los argentinos de clase baja y la diferencia popular, ya que el gobierno pese a su discurso liberal se empeñó en hacer imposible toda oposición que no mostrara un elevado origen social.

Mitre, a su juicio, se había limitado a un debate entre miembtos de la gran familia porteña, aportando una fachada civilizada de la gran familia porteña aportando una fachada civilizada al liberalismo, aplastaba desconsideradamente a toda oposición fuerte. Estos autores tenían una visión de “Gran Argentina” y mostraban una voluntaria identidicación con países hispanoamericanos en contraste al liberalismo argentino. Su principal aporte consistiría en ofrecer una mitología para el consenso de los desplazados antes que una propuesta articulada y positiva para el cambio de la sociedad.

LA REPÚBLICA DE LAS INSTITUCIONES: A finales de la presidencia de Mitre y de la decada del sesenta, habían inmejorables oportunidades de reinserción en la vida politica nacional para quienes se habían identificado en el pasado con la causa federal y antiporteña. Los voceros del federalismo debían emprender una radicalización total de su fe politica. El fin del mitrismo parecía abrir oportunidades irrepetibles para recuperar una gravitación nacional decisiva.

Vicente Lopez apostaba en este momento a revertir una larga consideración publica negativa, en un momento donde el espacio publico porteño comenzaba adquirir rasgos aristocraticos y su antigua proximidad a la figura de Urquiza había dejado de representar un motivo de escarnio público. Se aprestaba a abordar la etapa de acción legislativa más brillante, en la Asamblea Constituyente de 1871-1873, donde la provincia se disponía a adecuar su Constitución de guerra en 1854 (a los dictados de la Carta Magna) y en los debates sobre politica  economica originados por la crisis de 1873.

Las actas de la Asamble Constituyente son un conjunto de pensamientos del liberalismo porteño.

La preocupación por el excesivo paternalismo presidencial y la debilidad de los mecanismos de control presidencial y la debilidad de los mecanismos de control dentro del regimen republicano argentino reclamaron la atención privilegiada de los convencionales.

Para Lopez, la libertad debía ser producto de la acción colectiva llevado por la palabra libre y publica del parlamento. El sistema politico ofrecía un espectaculo degradado donde el presidente vicia su principio, compra su renovación para hacerse indefinido y destituye al país de la verdad constitucional. El fracaso de las constituciones era por el demasiado hincapié en el poder Ejecutivo. Proponía crear un ministerio parlamentario o consejo de ministros que garantizaran una conexión entre la opinión publica y sus representantes para castigar de manera fluida y eficiente un mal desempeño en lo publico, sin debilitar al regimen politico. Su critica lo dirigía a proponer la descentralización y a hablar sobre la relación Estado/Iglesia, que era una especie de sintesis entre las posiciones religiosas extremas y las de los pensadores liberales, preocupados por garantizar una efectiva tolerancia religiosa que exitase la traba a la inmigración y radiciación de los capitales.

La republica de la Opinión, con su dinamica tempestuosa y alocada, propio de años posteriores a Caseros desapareció y le abrió camino a la “Republica de las instituciones” cuya dinamica giraba en torno las evoluciones de los circulos facciosos, grupos de interés y conexiones con el mundo de la propiedad y finanzas, condenando a la turbulencia de la movilización politica a un papel subordinado, de segundo plano.

La dura realidad del gobierno hacía trizas la doctrina, el crédito estaba en los centros comerciales. Solo Buenos Aires brindaba la garantía de continuidad institucional que reclamaban los mercados externos.

Apenas se presentase una ocasión que prometiera el exito de una empresa insurreccional, sería revisado. En este tiempo de cambios se imponía clausurar esas facciones historicas, reemplazandolas por nuevos y auntenticos partidos de ideas.

En 1870 ocurre el asesinato de Urquiza por mano federal.

REINVINDICACIÓN DE LOS GRUPOS MARGINADOS : Tanto los indios como los gauchos, habían sido considerados por el pensamiento liberal como productos característicos de ese destierro, con atraso, pobreza y violencia para la sociedad argentina, cuya liquidación inmediata era indispensable para acelerar un proceso de cambio socioeconomico.

La postura de Alberdi revaloriza la población pastora y la herencia hispanica que representaba.

En cambio, Sarmiento, opinaba que no había que “ahorrar sangre de gauchos”. El gaucho era la barbarie, la montonera, la anarquía, algo del pasado con lo que había que acabar.

Para el caso del indio, las mismas condenas de los publicistas aparecían potenciadas por los periodistas y representantes porteños. Los indios habían sido los mejores aliados de Rosas y una vez derrotado el despota porteño, habían tratado de relacionarse con Urquiza. (cuyas tropas conformaron con Cepeda).

Las politicas intentadas por la gobernación, desde el enfrentamiento armado hasta la negociación, había resultado esteril y la solución admitida era su destrucción.

La integración de gauchos e indios dentro del nuevo orden en gestación era juzgada, como una tarea improba, destacandose como razones a su indisciplina natural y su falta de habito de trabajo en los términos demandados por la nueva economía.

ENTRE DOS REVOLUCIONES: Las expectativas de Sarmiento estarían puestas en concluir su gobierno y entregar con fortuna la banda presidencial a su sucesor. Mientras tanto, en Montevideo, su competencia (Bartolomé Mitre) garantizaba a sus partidarios que podían contar con el en caso de que el gobierno se animara a consumar el fraude que toda la prensa no dejaba de pronosticar.

Durante decadas la politica economica del Estado argentino se caracterizó por una particular contradicción entre retorica liberal y frecuentes excepciones a estos principios, pronunciando su caracter proteccionista ante nuevas perspectiva de crisis.

La conciliación implicó un esfuerzo de pacificación nacional, quedaba claro que las bases sobre las que se asentaba el regimen politico eran demasiado debiles para permitir  esbozar soluciones de dialogo y negocio. Ante su fracaso se ingresaba a una derrota cuya unica salida visible era la armada.

Las provincias mostraban la imposibilidad de enfrentarse a un estado Nacional cuyo principal factor de poder estaba representado por un moderno ejercito nacional que se aprestaba a colocar a Roca en su magistratura.

CONCLUSIÓN: Las transformaciones eran resultado de la instauración del capitalismo a nivel mundial. El presidente Avellaneda había conseguido ser un período de crisis economicas y politica y la amenaza de la fuerra civil, eliminando al motivo de la disputa para consolidar al regimen politico, al Estado Nacional que surgía de la federalización porteña.

Con el nuevo lema,” Paz y administración”, el nuevo presidente Roca expresaría una autonomía de forma violenta y agresivo. A la sombra de este Estado, el orden logico propuesto por Alberdi experimentará una inversión, diciendo que la “Republica Posible” era el corolario de un proceso que comienza con la derrota del rosismo.

La ampliación del control institucional por la sociedad, mediante la “verdad del sufragio” era algo pendiente que no se había cumplido, que posibilitara la “Republica Verdadera” tenía una resolución lejana.

La Argentina de los años ochenta sería resultado de un arduo ejercicio de prueba y error, cuya ambigua incertidumbre contrastaba con la ingenuidad por quienes habían condiado en elaborar un nuevo país mediante evolución de sus autores, en tierras que los ponían bajo el despotismo.

ROMERO: Las ideas políticas en Argentina

Cuando comienza el enfrentamiento unitarios y federales (dos concepciones de vida más que politicas) comienza a germinar en espiritus esclarecidos y refractarios a los prejuicios dogmaticos la certidumbre que se necesita replantear el problema sociopolitico que agobia al país.

La generación del 37, descubrió el camino de salvación por su carácter de dirigir a la mirada escrutadora hacia la realidad y la experiencia, encontrando los datos para una interpretación más justa y desapasionada del problema argentino y de ella recolectaría inspiraciones para postular una politica renovadora y vivificante.

Esta nueva interpretación de la realidad y nueva politica para el futuro triunfo. (Estaba en los hombres que vencieron a Rosas en 1852 y en la Constitución del año siguiente) Se halló la definitiva fórmula de conciliacion que consolido la unidad nacional bajo el mandato de Mitre.

La llegada de Rosas en 1835 fue un golpe para los hombres de grupos ilustrados, que habían luchado por derechos del pueblo y habían querido conducirlo por un atajo hacia una existencia digna y responsable, pero el pueblo levantó contra ellos sus propias e irreductibles reivindicaciones.

Las minorías ilustradas, reaccionaron con un incontenible sentimiento de desprecio por ese pueblo que forjaba sus propias cadenas y descubrieron que existía un enigma previo a todo planteo político:el enigma de la realidad social.

Los viejos unitarios, irreductibles y enceguecidos, creyeron que el intento de comprender la realidad emprendido por algunos, suponía una traición. El hecho politico tenía su fundamentación en saber que fuerzas se movían en lo profundo para provocar ese hecho.

Decía Alberdi “Una nueva era se abre para los pueblos de sudamerica cuyo doble caracter es abdicación de lo exotico por lo nacional, del plagio por la espontaneidad, de lo extemporaneo por lo oportuno, del entusiasmo por la reflexión y el triunfo de la mayoría sobre la minoría popular.”

La joven generación del 37 rechazaba la tradición en que se había formado para forjar una doctrina que no fuera a los errores que deben eliminarse.

Lo que estaba ocurriendo era consecuencia de parodiar al pensamiento político europeo del siglo XVIII y para Alberdi, los excesos eran la idea de cristianismo primitivo y sentimiento religioso; en haber proclamado el dogma de la voluntad pura del pueblo, sin restricción ni limite, y finalmente en haber difundido la doctrina del materialismo puro de la naturaleza humana.

Para la nueva generación, el cargo grave contra los hombres de la revolución de Mayo y del unitarismo era sus ceguera para descubrir problemas economicos y sociales del país. Creían que era suficiente fijar formulas institucionales para encauzar la vida nacional y la dura realidad había desbordado los carriles trazados con su vitalidad. Debían, entonces, aceptarse las consecuencias del error y hacer la “regeneración del país”

Esta fue la grande y duradera lección  que proporcionó a los espiritus reflexivos el triunfo de la politica de la “democracia inorganica” que desembocó en la dictadura de Rosas. Quienes la aprendieron y forjaron su pensamiento al calor de sus enseñanzas serían los triunfadores de Caseros, que construyeron una nación unificada, artífices de su estructura institucional, sólida y legitima.

En la primera generación de proscriptos, es entonces cuando comienza a concretarse el complejo de ideas que Rosas representaba era los sentimientos de la mayoría del país. El odio contra Rosas era violento e incontenible, pero la experiencia demostró que toda acción era inutil si no se concedía a las masas populares, satisfacer sus ideales politicos del momento. Pero si el tirano merecía odio eterno, las masas que lo seguían (y que veían en el, al genuino defensor de sus ideales) parecieron a los unitarios, dignas de tener en cuenta.

Lavalle dirá “Aspiro a trabajar con toda mi influencia en favor de la organización de la Republica, bajo el sistema representativo federal, que es el que ha sancionado el voto de la Nación.” Esta tesis quedo consagrada y dejó como secuela de su fracaso, un secreto y profundo desprecio por las masas ignorantes que los unitarios no sabían interpretar ni conducir. De la larga lucha quedó un planteo simplista del problema politico argentino, reducido a: la eliminación de Rosas y cambiar la consigna para ganar apoyo popular.

En la segunda generación de proscriptos, (la generación del 37) se supo sacar más ricas y prometedoras enseñanzas. El problema no estaba en la persona de Rosas, sino en desentrañar el secreto de esa sociedad que los unitarios habían ignorado y que Rosas parecía interpretar fielmente. Esa fue su principal tarea. Su militancia se organizó en una sociedad secreta, de la cual salieron documentos fundamentales como  el Facundo de Sarmiento y el Dogma Socialista.  

La Argentina criolla estaba palpitante en la obra de los hombres de 1837 con su virtual grandeza y este esfuerzo gigantesco les dio un conocimiento profundo de la naturaleza y ardilla a modelar.

Bajo los problemas politicos latían problemas sociales y economicos que los determinaban. Es por esto que se lanzaron a indagar caracteres de nuestra realidad social. Entendieron que eran dos concepciones de la vida, lo oculto entre federación y unidad.

Sarmiento estableció la antinomia civilización y barbarie, tesis que fue compartida y desechada por Alberdi. Aconsejó al general Lavalle que “es menester no perder de vista jamás que el pueblo representa al principio progresivo y la campaña, al principio estacionario”

Para Sarmiento las llanuras argentinas eran escenario del espiritu de la montonera (banda armada seguidora del caudillo y que lo elevaba al poder) y condicionaban (su extensión) el desierto que por todas partes la rodea, que impedía el desarrollo de la civilización.

La ciudad era la civilización europea, la antipoda del criollismo, el progreso, la aniquilación de formas de la existencia americana.

Alberdi en sus cartas Quillotanas expresó que la localización de la civilización en las ciudades y las barbarie en las campañas es un error de historia y observación. “Había ciudades con resabios coloniales que conformaban obstaculos para el progreso.

La generación del 37 descubría la cruda realidad social que había mostrado sus secretos con el triunfo de Rosas. La observación de la realidad y el afan de determinar una politica eficaz la llevó a reconocer la importancia de las masas, pero mantenía cierta arrogancia aristocratico por el pueblo, traducido en la opinión, de que era necesario reducir en el futuro la influencia que ejercía sobre la vida politica.

El principio de la omnipotencia de las masas debio producir los desastres que produjo y acabar con la sanción y establecimiento del despotismo. Había sido el sufragio universal otorgado a las masas ignorantes lo que había producido a los ojos de esta nueva generación, el predominio de los grupos inferiores sobre minorías ilustradas. Ese sufragio universal condenado por los hombres del 37, era creación más importante de los unitarios, que caían despreciados por su utopismo y su insensibilidad para entender los secretos de realidad inmediata.

Esta concepción del pueblo como ente político se proyectaba sobre la interpretación de los partidos tradicionales. El partido federal significaba, la concreción del localismo y la perduración de formas coloniales de vida.

Esta generación se consideraba sucesora de los ideales de Mayo, pero repudiaba al unitarismo y los medios puestos en práctica para hacer triunfar sus concepciones. Los partidos tradicionales no representaban más que aspectos parciales de la realidad social (el federalismo, de las masas antiprogresistas y de las minorías utopistas del unitario) Complementando ambas posiciones y conciliando la realidad social era posible salir del estancamiento. Una mayor simpatía se dirigía al partido unitario, pero era necesaria otra politica, que podía esbozarse sin conocer la estructura social del país, los contenidos espirituales de las masas populares.

Dos tradiciones eran observables en todo el proceso histórico desarrollado desde la revolución: La hispanocriolla heredada y conservada con vigor por las masas rurales, grupos conservadores y la europea (francesa) adoptada con la adhesión de minorías ilustradas. La primera se hizo violenta y recalcitrante.

Las creencias religiosas fueron núcleo de la resistencia frente al liberalismo manifestado en algunos como irreligiosidad, masas y el clero que las acorralaba espiritualmente, reaccionaron con violencia.

La generación del 37 advirtió el error de los hombres de la Revolución y de los unitarios . Tan arraigado como el sentimiento localista y los hábitos rurales estaban estas formas fanaticas de religiosidad que el pensamiento liberal ignoró. Esta generación postuló una politica conciliatoria y basada en la realidad, que triunfó por tratar de abarcar a todo lo que formaba parte del complejo social.

La experiencia de los teoricos del liberalismo y el unitarismo les enseñó que ese bagaje doctrinario serviría de poco, si no se ajustaba a la realidad. El metodo a seguir era examinar las instituciones desde una perspectiva democratica, ver todo lo que se ha construido en el transcurso de la revolución para organizar el poder social y deducir de ese examen crítico vistas dogmáticas completas para el porvenir.

El pensamiento doctrinario y el análisis de la realidad historica, fue fecundo. Permitió discriminar el sentido del desarrollo sociopolítico en Argentina. Fijo el significado de las corrientes que pugnaban por el predominio y estableció una partida firme para establecer una política futura: el pensamiento de Mayo.

Regenerar al país era no volver a caer en los viejos errores. No había que restaurar los viejos idearios fracasados ni exageradas concesiones a la realidad espontánea. Había que lograr el triunfo de los ideales del progreso sobre la base de la transformación previa de la realidad.

Uno de los principios de la politica regeneradora era el mal del desierto, que debía destruirse de raíz, facilitando las comunicaciones, poblando las vastas extensiones y multiplicando centros urbanos.

Las soluciones variaban. Para Sarmiento, la tarea del gobierno era transformar al desierto por la inmigración, estableciendo grandes asociaciones y distribuirlas en territorios, sucediendo algo similar con Norte America.

En cambio, para Alberdi, la mejor constitucion del desierto era la que hace que desaparezca, la que hace que deje de serlo para que se convierta en un país poblado.

Esta politica colonizadora estaba destinada a poblar. Si se ha de componer la población para un sistema de gobierno deberá ser el fomento del suelo a la población anglosajona (identificada con el vapor, comercio y liberación) y  deberá serlo sólo con esta cooperación de raza de progreso y civilización.

La idea de los unitarios está realizada, solo sobraba el tirano. Un ultimo esfuerzo faltaba y la generación del 37, sostuvo la ventaja y legitimidad de recurrir al apoyo de los pueblos civilizados de Europa para acabar con ese tirano. Se sentía así, segura, esta generación de sus planes politicos y su segura orientación hacia ideales de civilización/progreso.

Era necesario destruir a Rosas y a toda posibilidad de que volviera a resurgir un despotismo semejante, este peligro subsistiría de mantenerse el principio de soberanía popular, porque la mayoría era incapaz para el ejercicio reflexivo de la democracia representativa. De aquí, resulta que la soberanía del pueblo solo puede residir en la razón del pueblo y que sólo es llamada a ejercerla la parte sensata y racional de la comunidad social. La parte ignorante

queda bajo tutela y salvaguardia de la ley dictada por el consentimiento uniforme del pueblo racional. La democracia no es el despotismo absoluto de las masas ni mayorías, sino el regimen de la razón.

Había que borrar la antinomia unitarios-federales para encauzar las voluntades que concitaran al interés publicos por encima de los intereses y odios facciosos, había que establecer “una nueva entidad”. Había en ambas doctrinas elementos valiosos y era necesario combinarlos.

La Asociación de la joven generación reconoció en cada uno de los partidos de luchas previas, legitimos y objetivos justificados, negando también que fuera posible predominar en lo absoluto o tener derecho a imponer la carga de pasión que habían acumulado en la larga disputa.

El partido nuevo fue el de la conciliación basada en el analisis de la realidad. la generación sopeso los aportes de tendencias tradicionales, elaboró sus principios abnegando las simpatías que liguen a las grandes facciones y echó las bases de organización en las directivas de “La Republica Posible”.

Ese anhelo (antiguo en las minorías ilustradas) comenzó a ser la aspiración general de todos los sectores del país, hartos de sangre y opresión (Encontrando eco en Urquiza)

La constitución suponía la existencia de una nación consciente de sí misma y la Argentina parecía tener una imagen vaga de su naturaleza y un viejo instinto racional. Había que trabajar en fortalecer la conciencia profunda y reflexiva que componen la nacionalidad. La nación que surgiera conformada por el esfuerzo de sus “hijos” debía contrarrestar la influencia de la tradición hispanocriolla.

Era necesario concebir nuevas formas en todos los aspectos de la convivencia y de la acción para infundir en la nacionalidad conformada, una nueva forma, que se distinguiera de la nación repudiada.

Había que procurar por la inmigración un cruzamiento de la tradición hispanocriolla con la de otros pueblos de distinta sensibilidad politica. Acudiendo a la cultura francesa y anglosajona para desarrollar la capacidad creadora en otros aspectos de la vida, distintos de los que la tradición hispanica había legado.

Esta generación concedía a la realidad imprescindible para alcanzar el orden, se propuso modificarla con una politica sistematica, con base empirica solida y con claros objetivos. Su labor fue seria y triunfó, por saber ajustarla a la realidad.

Lo que Lavalle representó para los emigrados en 1839, lo encarnó Urquiza en 1851, al hacer publico su pronunciamiento contra el gobernador de Buenos Aires. Formaron en sus filas, los hombres más eminentes de la oposición junto a viejos federales que creyeron que el fin del autoritarismo había llegado. (Formando el Ejercito Grande y destituyendo a Rosas ) Consagrado el triunfo de Urquiza, triunfó la nueva politica, ordenada y factible.

Urquiza estaba convencido de que la unica forma de salvar la Nación era, con un programa politico fundado en los principios de orden, fraternidad y dejar atras al pasado. Necesitaba mantener la autoridad, y el Acuerdo de San Nicolás, celebrado entre gobernadores de provincias, le dio el titulo de director provisional con extensos poderes. La lucha estalló de inmediato entre los que confiaban que la solución llegaría por sus pasos contados y los que desconfiaban de las intenciones del vencedor.  Buenos Aires se levanto contra Urquiza y se separó del resto de las provincias que mientras tanto, lograron firmar la Constitución de 1853 en Santa Fe. Esta escisión no comprometió nunca la unidad nacional ni la constitución.

La Constitución tenía enemigos: Buenos Aires, separada del país y que no había intervenido en su sanción, no se comprometía a su obediencia. Segura de sus recursos, celosa de sus privilegios y convicciones politicas, resitió y acudió a las armas para asegurar su autonomía. Poco a poco fueron estableciendose vías para el entendimiento y conciliaciones entre la Confederación y Buenos Aires.

Aún se combatió en Pavón, nuevamente, porque Buenos Aires recelaba al gobierno provinciano de la Confederación. Los intereses facciosos estaban en pie y no se podía resistir a las viejas alianzas. Urquiza fue derrotado y se elegía al primer presidente constitucional: Bartolomé Mitre.

POLÍTICA REALISTA Y CONCILIATORIA: Entre 1862 y 1880, la dirección del país permaneció en manos del grupo liberal, sin que influencias extrañas llegaran a cambiar su concepción politica. Mitres, Sarmiento y Avellaneda se propusieron llevar a cabo el vasto programa politico respetando dos ideales: el de la afirmación de la unidad nacional y el de la afirmación de la “politica de los principios”.

Mitre luchó por las defensas de los ideales nacionales. Encarnó la resistencia de Buenos Aires contra la Confederación, por temer que resurgiera con Urquiza la politica personalista. Su doctrina en el Estado de Buenos Aires fue categorica en el sentido de que no debía darse un paso que comprometiera su proxima unión al país.

La organización de una administración nacional debía plantear rozamientos y dificultades, era necesario vulnerar los privilegios provinciales, pero Mitre puso al servicio de esa idea un exquisito tacto y una insobornable decisión y contó con el apoyo de espiritus esclarecidos que secundaron su labor. Había surgido una idea más viva de comunidad argentina.

Fue defendido esto, por Sarmiento. Defendió la autoridad presidencial con entereza, afirmando la jurisdicción de los poderes nacionales por sobre toda forma de regionalismo. Se vivificaba y arraigaba la idea del destino comun de los argentinos, idea para la que constituyó respaldo vigoroso, la obra historica de Mitre y Fidel Lopez.

Con Avellaneda, hubo un triunfo trascendental. Buenos Aires sufrió una derrota y triunfaban los politicos que dominaban la situación en las provincias.

Mitre,se coloco en actitud intransigente y recurrió a las armas, ya que había decidido oponer su nombre al de Avellaneda, era por estar convencido de que era necesario para fortalecer los principios constitucionales y liberales que Buenos Aires mantuviera a la Republica. Tenía una concepción de que sólo en  el pueblo porteño residían las firmes convicciones principistas y liberales, separaba a Mitre de los nucleos provincianos, que apoyaron a Avellaneda y contribuyeron a sofocar a revolución mitrista de 1874.

Avellaneda estaba absorbido por Buenos Aires y quiso que la metropoli porteña fuera patrimonio comun de la Nación y no baluarte economico y politico de una provincia. Los acontecimientos se precipitaron al iniciarse la campaña para la renovación presidencial en 1880.

El gobierno nacional contaba con recursos poderosos y la situación del país había cambiado considerablemente. Tejedor fue vencido y el país consumo, en 1880, el proyecto de arrancar a la provincia de Buenos Aires su capital para entregarla al país con jerarquía de capital federal. Parecía concluir el pleito porteño-provinciano, con el triunfo de los ultimos. La victoria fue a la larga de Buenos Aires, de la ciudad y su puerto, desde el cual el gobierno de la nación se elevaría sobre las provincias con la abundacia de los recursos y apagaría los ultimos trazos federalistas.

La federalización de Buenos Aires puso fin al proceso de unificación nacional. La provincia de Buenos Aires perdía gran parte de la ventaja que le llevaba a las del interior y el equilibrio podía establecerse entre todas las pasrtes del país con mayor posibilidad de duración, el espiritu de Buenos Aires radicaba en su capital y su entrega a la Nación significó la dura conquista del país por la metropoli. Triunfó a lo largo de las tres presidencias constitucionales, la politica principista que propugnaron los hombres de la organización nacional. El triunfo de Mitre en Pavón y su posterior consagración como presidente de la republica fueron, triunfos del principismo sobre el personalismo.

Triunfó Sarmiento en aquella elección y su gobierno hostilizado por todos los partidos y resistido en las camaras probó que los instrumentos constitucionales permitían el ejercicio de la autoridad sin necesidad de la prepotencia personal de un jefe autocratico. Favoreciendo la evolución de grupos politicos a principios liberales.

Avellaneda se mantuvo fiel a la tradición principista y continuó desarrollando el programa de acción liberal y progresista iniciado por sus predecesores.

Urquiza en el gobierno de la Confederación, dio los primeros pasos atrayendo capitales extranjeros y nucleos de inmigrantes, proyectando ferrocarriles, estimulando la producción agropecuaria y comercio. A partir de la presidencia de Mitre, ese programa se cumplió con intensidad febril. Había que crear una estructura de país civilizado siguiendo cuatro problemas: el fomento de la inmigración, el progreso economico, la ordenación legal del Estado y el desarrollo de la educación publica.

La inmigración era un instrumento del progreso economico.  Los ferrocarriles comenzaron a vivificar ciertas regiones, acercandolas a los puertos y estimulando la fijacion de grupos inmigrantes en el interior, notando la tendencia de hacer de Buenos Aires el interior y el foco de concurrencia de toda la vida economica nacional.

La organización de la justicia, la sanción de los distintos codigos, la organización del regimen inmigratorio, del sistema electoral, del regimen contable, todo fue objeto de estudio por los poderes publicos.

La educación fue una de las preocupaciones fundamentales. Mitre se preocupo por la instalación de colegios secundariios (colegios nacionales) y Sarmiento creo por ley las primeras escuelas normales para la formación de maestros.

Fue este cumulo de obras en el cual se cristalizó el afan renovador de los grupos liberales que se impusieron el cumplimiento de la politica realista y conciliadora. Eran grupos de elite, republicana y austera, cuyos miembros gozaban de pobreza y bajaban del gobierno para seguir la lucha cotidiana por sus ideales. Creían con firmeza que estaban unidos a la masa del pueblo y soñaban con hacer del pobre gaucho un “hombre util”. Eran una elite que mantenía el poder en sus manos, sin que sus diferencias alcanzaran otra categoría que la de meras disidencias entre personas y grupos. Por debajo de ella, la masa popular, el “gauchaje” sentía la opresión de las nuevas formas de vida.

Despues de la consagración de la unidad nacional, el partido liberal alcanzó un fuerte predominio político, se dividió en dos grupos (mitristas y alsinistas)

Con Avellaneda, hubo una variante del viejo liberalismo de la proscripción, destinado a asegurar la aristocracia en oligarquía, el beneficio de los privilegios que la ola del enriquecimiento traía a quienes monopolizaban el poder.

GOROSTEGUI

*Haydée Gorostegui, en su trabajo "La Organización Social", sostuvo que durante el gobierno de Urquiza no se había avanzado en la construcción de un verdadero andamiaje institucional nacional y que las relaciones entre las provincias habían estado mediadas por los líderes locales, manteniéndose así el llamado "Sistema de caudillos" que regía antes de Caseros.

La Organización Nacional.

Capítulo 1: Evolución política y crónica del período.

Lograda la victoria, el Gral. Urquiza dispuso las primeras medidas orientadas a dar a la provincia un gobierno provisional.

Asumió como gobernador interino Vicente Lopez y Planes el 4 de Febrero y fue confirmado por la legislatura de Bs As.

La oposición creció con rapidez y se exacerbó ante la convención firmada en Palermo el 6 de Abril cuando se reunieron los gobernadores de Bs As y Corrientes con el delegado de Santa Fe y Urquiza e invocado el Pacto Federal de 1831, otorgando a este la dirección de las relaciones exteriores.

Urquiza fue nombrado Director provisional y prestó juramento ante los gobernadores, concentrando en sus manos los poderes legislativos y ejecutivo y recibiendo el auxilio de un consejo de Estado consultativo.

El acuerdo de San Nicolás antecedente inmediato de la constitución de 1853 se aprobó el 31 de mayo de 1852 donde se destaca:

La renovación del tratado del 4 de Enero de 1831, la convocatoria a un congreso federativo, la elección de los diputados a dicho Congreso de acuerdo a las leyes existentes en cada provincia aunque limitando su número, la abolición de los derechos de tránsito interno y el otorgamiento al Gral. Urquiza del mando de todas las fuerzas mil, así como también la reglamentación de la navegación interior, la administración de correo y la mejora de postas y caminos.

La legislatura porteña no había otorgado poder a su gobernador para tomar decisiones y por lo tanto faltaba su aprobación al acuerdo, pese a ello el Gral. Urquiza ya había sido investido director. Esto produjo un revuelo extraordinario en la ciudad. En los días que corrieron hasta el comienzo de las llamadas jornadas de junio ́ creció la desconfianza popular alentadas por la prensa. El acuerdo se discutió en detalle y fue impugnado por varios legisladores. A partir de aquel 22 de junio se esfumó todo posible entendimiento. Desautorizado y agredidos sus ministros, el Dr. López y Planes renunció. Urquiza disolvió

la legislatura y asumió provisionalmente el cargo de gobernador de Bs As.La revolución estalló el 11 de septiembre y se comprometieron en ella los opositores de junio y militares del ejército nacional. La revolución triunfó sin disparar un tiro, se tomó prisioneros a los jefes leales a Urquiza y en cumplimiento de los planes trazados, el ejército entregó el gobierno a los civiles. La provincia declaró que no reconocería ningún acto emanado del congreso de Santa Fe al que no aceptaba como autoridad nacional y en lo relativo al ejercicio de las relaciones exteriores, revocó la delegación hecha en Urquiza. Estas leyes implicaban la desvinculación de Bs As de la Confederación y en represalia, el gobierno confederado

decidió considerarla potencia extranjera a los efectos del comercio, lo que a su vez motivó una serie de disposiciones del gobierno provincial para obtener la adhesión de las restantes provincias: el envío de una misión al interior del país, el reconocimiento de la independencia del Paraguay y la concesión de la libre navegación del rio Paraná fueron los proyectos aprobados por la Sala de Representantes.Valentín Alsina, gobernador electo de Bs As desde el 31 de octubre y su ministro de gobierno y relaciones exteriores Mitre

pusieron entonces en marcha una política de agresión abierta contra Urquiza con el objetivo inmediato de precipitar los acontecimientos antes de la reunión del Congreso que, sin duda, habría de dificultar la posición de la provincia al legitimar lo actuado por el Director. Bs As inició las acciones enviando tropas contra Entre Ríos. El plan experimentó las primeras dificultades al fracasar la misión personal de Paz y recibió un golpe definitivo con la rápida reacción de Urquiza que batió a las fuerzas invasoras de Entre Ríos, abandonadas a último momento por su aliado más valioso, el gobernador correntino Pujol, a estos contratiempos se sumó el levantamiento en armas del Coronel Lagos, que inició una revuelta interna contra la política del Dr. Alsina. Este movimiento estalló a principios de diciembre de 1852 y logró el apoyo de sectores importantes de la campaña. El congreso nacional sancionó la constitución federal en la que exigía a Bs As la entrega de la aduana en condiciones que la ciudad juzgó inaceptable. Entretanto el largo sitio conspiraba a favor de los sitiados que iniciaron una política desobornos.La decisión de convocar a un Congreso Constituyente había sido llevada a la práctica sin la presencia de Bs As; los diputados se reunieron a fines de 1852 y el 20 de abril de 1853 la comisión constituida a tal efecto presentó al congreso su propuesta de Carta. El proyecto inspirado en las Bases de Juan Bautista Alberdi y las constituciones de los EE.UU,Suiza y Chile, fue aprobado el 1 de mayo y adoptado como Constitución Nacional; en ella se fijaba la forma representativa, republicana, federal de gobierno; la división de poderes en legislativo, ejecutivo y judicial; los derechos y garantía de las personas; la adopción de la religión católica como credo oficial sostenido por el Estado y toda una serie de normas relativas al funcionamiento jurídico del país.La federalización y la pérdida consiguiente de la aduana no fueron consentidas y la Confederación no contó con medios para imponerla por la fuerza. Con excepción de Bs As las provincias juraron esta Constitución y aceptaron el gobierno nacional. Esta adhesión mayoritaria no implicaba total unificación del Estado por puro y simple respeto a la Ley Fundamental; el sistema de caudillos, siguió aun vigente en las provincias, aunque se llamaran gobernadores. En la medida en que la división era un hecho, ambas partes se aplicaron a mantener un modus vivendi que hasta 1862 osciló entre el contacto pacifico y los enfrentamientos abiertos en ambos campos.El 20 de diciembre se firmó un convenio por el que se estableció el armisticio entre Bs As y la Confederación sobre la base del statu quo; el tratado definitivo, firmado el 8 de enero de 1855, fue suscrito por Derqui y del Campillo en nombre de la Confederación y Juan Bautista Peña en representación del Estado de Bs As.En él ambos se comprometieron a defender la unidad del territorio nacional y a colaborar en la lucha contra el indígena y aceptaron el principio de que la separación de Bs As no alteraba las leyes de la nación; acordaron el uso de la misma bandera para los buques matriculados en la Confederación y en la provincia y autorizaron la

introducción y circulación libre de productos nacionales en ambas jurisdicciones; en lo que respecta a las mercaderías extranjeras salidas de los puertos del estado de Bs As para la Confederación o viceversa, no pagarían otros ni mayores derechos que los que fueran impuestos a los que procediesen de otros mercados; el tránsito de mercaderías podría efectuarse por agua o tierra y se establecería una oficina de registro sobre la frontera; también se fijaron normas para facilitar las comunicaciones internas.Importante paso a favor

de la unificación económica, el tratado no solucionó, en cambio, el problema de la división política, sin duda el punto más difícil, habida cuenta de los complicados intereses en juego donde se mezclaban la cuestión de la hegemonía, las prevenciones personales e intrigas locales y los intereses de algunos países extranjeros favorecidos por la desunión interna de la Argentina.

Capítulo II: La Economía

Apogeo de la organización tradicional y beneficios de la coyuntura. Avance de la unificación económica. El sector externo tuvo una fase favorable para los productos pecuarios en la década 1850-60 que benefició directamente a los sectores de la economía tradicional. El rápido incremento en la producción de manufacturas, la búsqueda de nuevos mercados y la necesidad de regulares fuentes de aprovisionamiento tanto de materias primas como de alimentos.

Una de las consecuencias inmediatas derivadas de la coyuntura y de la regularidad en los contactos con el exterior es el apogeo de los sectores vinculados con la producción pecuaria, esto se traduce en una prosperidad general que afecta a sectores amplios de la población pero contribuye sobre todo a la afirmación de los aspectos tradicionales de la economía. La más fuerte productora pecuaria del país es sin lugar a dudas Bs As y mantiene su hegemonía pese a las serias dificultades que provoca en su campaña la situación política. Cueros y sebos son los más favorecidos, en tanto las lanas sufren fuertes oscilaciones con tendencia al descenso, pese a lo cual el ovino es el elemento dinámico del periodo merced a características propias del sector. Entre ellas, la nacionalidad de los productores, casi siempre extranjeros y eximidos por lo tanto de levas y otras prestaciones gracias a la vigilante protección consultar, la ubicación de las zonas de cría en regiones menos expuestas al ataque indígena y cercanas a los puntos de embarque que los liberó de destrucciones y facilitó el transporte al puerto; la calidad del producto debido a un adelantado proceso de mestización que ofreció también más oportunidades de comercialización y, al mismo tiempo, un razonable nivel de organización permitieron a los criadores encarar con rapidez un aumento en la producción para compensar la coyuntura menos favorable. Comenzó a lo largo de la década la radicación rural de los primeros inmigrantes, origen de la futura expansión agrícola provincial. La prosperidad de los sectores altos rurales es entonces común a las tres provincias litorales, sea que se vincule con la actividad ganadera o como consecuencia del proceso colonizador.

Unidas al Litoral por un estrecho corredor que los fortines protegen del indígena, las provincias del Interior han desarrollado una actividad económica determinada en gran parte por las condiciones naturales de la región y que alterna una agricultura de oasis con la explotación intensiva de la ganadería. El gobierno trató de subsanar el problema económico mediante la creación de nuevos impuestos pero el sistema funcionó mal y esto indujo a buscar nuevos mecanismos financieros entre ellos la emisión de papel moneda y la contratación de empréstitos. En cuanto a lo primero ya en 1854 se tuvo que admitir el fracaso de la idea por lo que se recurrió al contrato de empréstitos. Pero estos recursos solo traían un alivio temporario y multiplicaban en cambio los compromisos de la administración, agobiada por el aparato burocrático que debían mantener para justificar la imagen de un estado constituido, en tales circunstancias se aprobó la ley de derechos diferenciales que entró en vigor a principios de 1857 y cuyas consecuencias acorto plazo fueron más políticas que económicas.

La medida que buscaba atraer el comercio extranjero directamente a los puertos de la Confederación para aumentar su recaudación aduanera y al mismo tiempo disminuir la  porteña, tuvo resultados contraproducentes durante los primeros meses de aplicación: el número de artículos que entraban en forma directa decreció vertiginosamente y con ello los ingresos del estado; la crisis mundial de 1857 afectó el movimiento comercial y financiero, los recaudos tomados por las casas importadoras porteñas y la suspensión de derechos a los productos importados establecida en represalia por el gobierno porteño invadieron de hecho la ley confederada. Comienzos de la modernización económica-social: colonización, transportes. Cambios en el consumo, europeización, crecimiento urbano; todos indicios de una modernización en marcha tanto como los primeros kilómetros de vías y la ampliación de comunicaciones telegráficas .En el resto del país las transformaciones son menos espectaculares, y no pasan en su mayoría de proyectos oficiales que tropiezan con dificultades financieras para ser llevados a la práctica.

También progresó en esta época el sistema de transporte de personas, para el que se organizaron en Buenos Aires y la Confederación empresas exclusivamente destinadas a este fin.

El conflicto: alternativas en el equilibrio político.

Urquiza buscaba a principios de 1859 la alianza brasilera y paraguaya para aplastar el movimiento separatista y el Dr.Valentín Alsina, gobernador de Bs As desde 1857 dictaba en febrero de 1859 el decreto de represalias contra la ley de derechos diferenciales .A la situación financiera crítica de la confederación se agregó entonces la incidencia de los acontecimientos políticos para apresurar el estallido del conflicto armado y el 23 de octubre de 1859 los adversarios se enfrentaron en Cepeda. En la batalla las fuerzas de Bs As al mando de Mitre fueron derrotadas aunque no destruidas por completo. Urquiza avanzó hasta San José de Flores donde se firmó el armisticio el 11 de noviembre con la mediación de Francisco Solano López. La renuncia previa del gobernador Alsina y las condiciones establecidas en el pacto esperar un arreglo definitivo; Bs As se declaraba parte de la Confederación obligándose a verificar su incorporación mediante la aceptación y jura solemne de la Constitución Nacional; para ello y dentro de los 20 días siguientes a la firma de Convenio ,convocaría a una Convención provincial que examinaría la Constitución de 1853.Mitre recién electo gobernador de Bs As declaró en el mes de mayo de 1860 su decisión de incorporar la provincia a la nación y comisionó a Vélez Sarsfield para discutir con el gobierno de Paraná las modificaciones a la Constitución de1853 propuestas por los convencionales porteños. De estas gestiones resultó el Convenio firmado el 6 de junio en el que se aceptaba la obligación de residencia mínima de tres años pedida por Bs As para los convencionales que representaban a las provincias y se establecía que la aduana seguiría en manos del gobierno provincial hasta que la provincia se uniese oficialmente al Congreso y el cuerpo promulgase nuevas disposiciones; a cambio de ello se subsidiaba a la Confederación con un millón y medio de pesos papel por mes, reemplazables cuando el convenio fuese ratificado.

El 17 de septiembre de 1861 chocaron los ejércitos cerca del arroyo del Medio, sobre los campos de Pavón. El movimiento liberal se afianzó con rapidez en el Interior y el gobierno del Gral. Mitre asumió el mando del país con carácter provisional; hacia fines de enero de 1862 Urquiza había aceptado esta situación y solo restaba obtener la colaboración de los elementos autonomistas de la propia Bs As.

El Congreso Nacional del 25 de mayo de 1862, consagra el triunfo final de Bs As, es también el aval a un programa nacionalista liberal que liquidaría las aspiraciones hegemónicas de aquella en beneficio de una fuerte autoridad centralizada que terminará por escapar al control de la provincia.

Primeras etapas del nuevo Estado Nacional (1862-1874)

A principios de 1862 la mayoría de las provincias había aceptado el programa de Mitre para constituir una autoridad nacional provisional delegando en el gobierno de Bs As y luego en un presidente, Congreso y Suprema Corte. Pero el problema fue pacificar regiones con un alto grado de inestabilidad y donde los caudillos concitaban gran prestigio .Los primeros conflictos surgieron con el Gral. Peñaloza quien inició un movimiento contra los liberales que deponían gobernadores urquicistas. Mitre firmó con él la paz en mayo acordándose que el Chacho se encargaría de pacificar La Rioja. Mientras tanto en Bs As la cuestión de la capital provocaba la división del partido liberal porteño en la fracción nacionalista inspirada por Mitre y el grupo autonomista, encabezado por Adolfo Alsina.

Apenas reunido el Congreso Nacional, Mitre presentó un proyecto para federalizar todo el territorio de la provincia que el cuerpo aprobó pero fue rechazado por la legislatura provincial, como también la opción de federalización de la ciudad. Se llegó al acuerdo de solución de compromiso que legalizó la coexistencia de las autoridades nacionales junto a las provinciales. El 1 de octubre de 1862 el Congreso aceptó el convenio y el 13 de ese mes Mitre asumió la presidencia del país electo por unanimidad.

Reorganización política.

Guerras civiles y guerra del Paraguay.

El fermento revolucionario de las provincias más o menos controlado luego del tratado de la Banderita resurgió un año más tarde, otra vez en torno  de la figura del Chacho Peñaloza. Este tomó las armas y en su proclama a los pueblos anunció sus intenciones de reivindicar los sagrados derechos que los traidores y perjuros habían usurpado ́; los gobiernos de Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero se unieron para derrotarlo y Mitre cedió a la presión de los duros ́ y encomendó la dirección de la guerra de policía ́ a Sarmiento, gobernador de San Juan. En los meses de mayo y junio las fuerzas nacionales derrotaron a las tropas montoneras en Lomas Blancas y Las Playas aunque el Chacho mantuvo todavía en jaque a sus enemigos hasta el 12 de noviembre, día en que fue tomado prisionero y muerto por el coronel Irrazabal.

Al declararse el conflicto internacional (La guerra argentino-paraguaya) y decretarse el reclutamiento de soldados, surgieron problemas en ciertas provincias. En ese clima de apoyo popular se realizó en enero de 1867 una reunión de los distintos jefes de San Juan que transformó el inorgánico movimiento en un sincronizado plan contra el gobierno nacional. Ante esta situación el gobierno empeñó todos sus esfuerzos para desbaratar el movimiento y tras sucesivas luchas el movimiento fue desbaratado en la Batalla de Pozo de Vargas, cerrándose así el último capítulo de la lucha contra el sistema liberal en la región del Interior. La guerra contra el Paraguay se inició en 1865. En 1864 el Gral. uruguayo y dirigente del partido colorado, Venancio Flores, invadió su país con el objeto de derrocar al presidente en ejercicio, miembro del partido blanco.

El hecho de contar  Flores con simpatías de Argentina y ante la duda de la neutralidad por parte de ésta se originó un pedido de explicaciones por parte de Paraguay que el gobierno argentino lo consideró un agravio. Al mismo tiempo Brasil estacionaba sus tropas en la frontera con Uruguay y lo invadía en apoyo de Flores. Solano López aliado de los uruguayos blancos pidió permiso al gobierno argentino para atravesar el territorio de Corrientes para combatir a los brasileños.

Ante la negativa de Mitre aduciendo neutralidad, Paraguay declaró la guerra e invadió corrientes. En julio de ese año se firmó el Tratado de la Triple Alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, firmándose la paz el 20 de junio de 1870.

Presidencia de Sarmiento

El 12 de octubre de 1868 asumió el mando. Durante su desempeño y pese a carecer de un partido político propio que lo respaldara, se aplicó a restablecer la disciplina a distintos niveles: en el ejército inició un sistema de jerarquización; procedió al exterminio de los últimos brotes montoneros e intervino con fuerza en las elecciones provinciales que ocasionaron conflicto. Sucedió a Sarmiento el Dr. Avellaneda, designado en elecciones que fueron impugnadas por el Partido Nacionalista que apoyaba la reelección del Gral. Mitre. El descontento desembocó en una revolución que estalló el 24 de septiembre.

La modernización económica

Mientras avanza la agricultura en Santa Fe, se mantiene la preeminencia ganadera tradicional en Bs As, si bien comienzan a darse algunos cambios significativos en la esfera productiva. Entre los de mayor influencia se destaca el sistema de la propiedad, cuya tendencia a la concentración se acentúa favorecida por la política estatal de venta a precios altos, que solo permite el acceso a sectores reducidos. Se observa un desplazamiento del vacuno hacia el sur, posibilitado por el avance fronterizo y la consiguiente apropiación de las tierras nuevas por el grupo ganadero; mayores extensiones quedan así libradas al ovino y los cultivos, renglones ambos que necesitaban de una ubicación cercana al puerto o mercado de consumo. En el interior, la situación es algo más compleja dada la diversidad de regiones que la componen. En las provincias andinas continua en la década del 60 el ascenso iniciado en la anterior y relacionado con la expansión del área del Pacífico; progresa la concentración de la propiedad de la tierras irrigadas y como corolario se acentúan los conflictos sociales.

A nivel económico la litoralización del sur de Córdoba y la construcción del ferrocarril une a la capital con el Puerto de Rosario, y asestan así un rudo golpe a las actividades de las provincias andinas cuyo renacimiento reciente dependía no sólo de su propia producción sino de la expansión de la agricultura de potreros vinculada con el comercio de ganado, provenientes de las regiones centrales hacia el Atlántico de la producción en zonas servidas por el ferrocarril, si bien incorpora nuevos territorios al área unificada,precipita también la decadencia económica de aquellas y afecta de modo indirecto su estructura social y política. En lo que toca a las provincias centrales y en particular a Córdoba el tendido ferroviario que influye de modo negativo en la económica de la región andina acentúa la expansión rural y urbana.

Economía y demografía: inmigración extranjera, migraciones internas. Equilibrio urbano-rural Entre 1858 y 1869 el hecho más relevante es la duplicación de la población, apoyada en el crecimiento vegetativo y en las migraciones internas, pudiendo además detectarse un cambio en las proporciones rurales-urbanas.

Solo a partir de 1870 habrán de darse los cambios más significativos, como resultado de la entrada masiva de inmigrantes, la expansión cerealera y el avance del ferrocarril. En esa etapa podrá observarse el fuerte crecimiento de nuevos centros urbanos vinculados con la campaña, la considerable incidencia de la población extranjera y algunas consecuencias derivadas de la migración tales como una elevada tasa de masculinidad y altos porcentajes de población activa.

SCOBIE

 Este autor tiene como finalidad estudiar y analizar diez años significativos del desarrollo argentino. Dentro de esos años se centra uno de los temas fundamentales de la historia Argentina: la lucha entre la ciudad de Buenos Aires y las provincias.

 A todo lo largo del perìodo colonial existiò un conflicto de intereses entre las regiones centrales y del noroeste, asociadas con la minerìa del Alto Perù, y las zonas ganaderas y agrìcolas en torno de Buenos Aires. Los aspectos econòmico y cultural de tal conflicto habìan sido muy evidentes ya que por lo general la lucha polìtica no pudo manifestarse. La independencia suprimiò estas restricciones. Buenos Aires intentò imponer  su dominio a las demàs provincias, mientras que los caudillos del interior se resistieron a esta imposiciòn y trataron de prevalecer sobre dicha ciudad.

 Se hicieron tentativas  para trazar los aspectos polìticos de este conflicto a travès de la lucha de federales y unitarios, pero es obvio el peligro de calificar con tèrminos de teorìa polìtica intereses y grupos tan fluctuantes.Las constituciones  de 1819 y 1826 fueron instrumentos unitarios ideados por los porteños para asegurar la posiciòn predominante de Buenos Aires en un gobierno centralizado. La aplastante reacciòn de las provincias ante tal tendencia, evidente hasta en la de Buenos Aires, hizo que se rechazaran estas constituciones y se levantará la bandera del federalismo en defensa de la autonomìa local entre 1835 y 1852. Y Urquiza, que tambièn era federal, sancionò la constituciòn de 1853 que habìa de convertirse en el instrumento de un gobierno fuerte y centralizado. En forma similar, los intentos de exponer los aspectos econòmicos del conflicto presentando al litoral como defensor del comercio libre y al interior como proteccionista, tropiezan con varias divergencias. Los intereses y la producciòn regional dictaron lo que podìa definirse como comercio libre; el control del puerto principal por los porteños demostró ser tan dictatorial coma cualquiera de las regulaciones mercantiles de los españoles; y a consecuencia de ello, la posesión por Buenos Aires de la mayor parte de las entradas de aduana no suministró una distribución equitativa de la renta nacional. Estos hechos contribuyeron a la división del mismo litoral e hicieron que los términos “proteccionista” y “comercio libre” no tuvieran sentido alguno en el conflicto económico. No obstante, en todas estas luchas era evidente el esfuerzo de Buenos Aires por imponer su propia forma de gobierno a la nación, por dar nueva vida a la jurisdicción del antiguo virreinato. Aunque las constituciones de 1819 y 1826, propiciadoras del poder central, fracasaron, Buenos Aires logró un dominio de hecho del país por medio de su gobernador, Juan Manuel de Rosas. Su gobierno no se afirmó únicamente en la dirección personal o en la habilidad política, sino que lo hizo también por medio de un arreglo financiero: Buenos Aires había obtenido la clave económica para lograr la dominación política aun antes de haber alcanzado la suficiente población y riqueza para asegurarse esta posición. Por un accidente histórico, Buenos Aires había llegado a ser el puerto de la Argentina. Esta ciudad, por consiguiente, en la ausencia de una autoridad nacional constituida, recaudaba las rentas de aduana de casi todas las mercaderías europeas que entraban en la Argentina y de todos los productos que salían del país. En efecto, esto significaba que Buenos Aires recaudaba y gastaba rentas que normalmente hubieran correspondido a un gobierno nacional.

En 1852, aunque Rosas fue derribado por la resistencia que las provincias del literal opusieron a ese control comercial y político ejercido por Buenos Aires sobre la Argentina, Buenos Aires carecía aún de la suficiente fuerza para imponer sus demandas de autonomía local. Las provincias, sin embargo, organizaron un gobierno en la Constitución de 1853 que, eventualmente, iba a señalar el fin de la autonomía provincial. Por el momento Buenos Aires, incapaz de dominarlo, se mantuvo fuera de la Confederación. Pero los porteños, aunque habían repudiado la dictadura de Rosas, no echaron en olvido su sistema financiero. Al enfrentarse contra las fuerzas unificadas de las demás provincias, Buenos Aires demostraba así la extensión que había alcanzado su desarrollo desde el período colonial. El monopolio de las rentas de aduana constituyó la base de su vitalidad en el período de su separación de las demás provincias y la razón oculta que le permitió la conquista del gobierno nacional en 1862.

El control de la república por los porteños fue finalmente conquistado por otro gobernador de Buenos Aires, Bartolomé Mitre. En sus manos la Constitución de 1853 fue un instrumento de gobierno fuerte y centralizado, e hizo de Buenos Aires la primera provincia de la república. El hecho de que los presidentes que lo sucedieron, como Sarmiento, Avellaneda, Roca y Juárez Celman, fueran oriundos de las provincias, no significa en forma alguna que el dominio de Buenos Aires sobre la región peligrara. Más bien habría que decir que esos presidentes fueron conquistados por Buenos Aires, y consagraron su gobierno y sus iniciativas al fortalecimiento del dominio y prosperidad de esta ciudad. En 1880 esa hegemonía fue reconocida formalmente y Buenos Aires quedó convertida en distrito federal y residencia permanente de las autoridades nacionales. En adelante lo fundamental de la lucha entre Buenos Aires y las provincias perdería progresivamente importancia en el desarrollo nacional. La brecha que separaba Buenos Aires de las provincias en cultura, modos de vida y tendencias era tremenda, pero su predominio económico y político sobre la nación sólo podía ser vigorizado por los acontecimientos futuros..

 

HERNÁNDEZ ARREGUI

La realidad nos vuelve a poner frente al espejo de la argentina dependiente y periférica.

Nacionalismo y Liberación (1969)

Hernández Arregui profundiza el ensamble entre nacionalismo y marxismo para la liberación nacional, entendiendo que la actividad revolucionaria del pueblo es la única que puede llevarla a cabo, aunque intervengan en este proceso actores que no provengan específicamente de la raíz popular, y que se relacionen con otros factores de poder, como pueden ser la iglesia, el Ejército o la burguesía nacional.

 De esta definiciòn se desprende la distinciòn con el nacionalismo imperialista que las potencias coloniales impulsan en los paìses del tercer mundo. Arregui sentencia: “Hay que rechazar de cuajo toda filosofìa nacionalista nacida en otros àmbitos, en naciones realizadas a costa de la historia frustrada de otros pueblos. El nacionalismo de masas propios de los pueblos dependientes, tiene por primerìsima tarea, a travès de sus ideòlogos nacionales libre de caparazòn mental del coloniaje, el examen de los fundamentos teòricos y pràcticos de esos “nacionalismos” de corteza europea, negàndose a legitimarse como filosofìas nacionales sin raigambre, en el pueblo y la tierra. De ahí la necesidad de distinguir sin concesiones, la incansable antìtesis  entre la metrópolis y las colonias. En primer tèrmino (...) el concepto de nacionalismo a una naciòn poderosa es en su nùcleo vital inseparable el concepto de opresiòn de los paìses dèbiles (...) El concepto de nacionalismo en un paìs atrasado en cambio es enteramente canjeable por el concepto vivo de libertad. El nacionalismo es, entonces, lucha por la libertad.

En este sentido, Hernàndez Arregui otorga al revisionismo històrico la tarea descolonizadora de releer el pasado para refundar la conciencia nacional invadida por las ideas antinacionales de las oligarquìas difundidas por todo el tejido social.


Tema 2: Guerra de policía al gaucho y a la montonera federal. Guerra al

Paraguay de Solano López. Guerra al indio y “conquista del desierto”.

ORTEGA PEÑA

El Imperio británico era el agresor oculto que avanzaba en el continente. Hay que extraer a Felipe Varela, el caudillo, cuyo silencio ha sido intencionado e interesado, que nuestra historiografía oficial lo ha sumido.

Frente a este cuadro América responderá con la Unión Americana de las Repúblicas del Sud del Nuevo Mundo. Allí aparece Felipe Varela como abanderado de esta Unión en el Río de la Plata. Este caudillo catamarqueño encarnará la lucha sudamericana y, además, será el guía y la voz de los oprimidos que depositarán sus esperanzas en él; tal y como lo hicieron otros caudillos sudamericanos y sus masas. La introducción del libro deja claro las siguientes cuestiones: 1. La tesis de un intento de balcanización por parte de Inglaterra para con Sudamérica; 2. Dicha tesis se apoya sobre el concepto de imperialismo tomado de la corriente marxista; 3. El intento de balcanización provoca resistencia sudamericana; 4. De este cuadro histórico surge la figura de Felipe Varela que según Ortega Peña y Duhalde ha sido deliberadamente ocultada por la “historia oficial”.

Felipe Varela y Francisco Solano Lopez, la lucha Americana en su ultima tentativa historica por superar la división de nuestra America.

Llegado el momento de la revolución popular americana contra el imperio britanico y sus servidores. (Al comenzar la decada del 60, Inglaterra intentó apoderarse del continente americano)

En la introducción los autores enuncian la tesis: Hacia 1860, el imperio británico intentó apoderarse del Continente sudamericano definitivamente, eliminando las resistencias nacionales y la competencia internacional que pudiera encontrar al respecto.

Paso seguido, advierten que la clave para entender dicha tesis es comprender el imperialismo en el marco de la teoría marxista ya que es esa teoría la que guía todo el libro. Según los autores este intento de “apoderamiento” fue motivado por dos factores: 1. la creciente tendencia de unificación entre el capital industrial y el capital financiero 2. La guerra de secesión de EEUU borró a este de la escena internacional.

Por lo tanto, se vuelcan a analizar la relación local con la geopolítica de la metrópoli europea. Para ello, ofrecen un estudio de las acciones del capital británico (bancario, ferroviario y manufacturas) y sus vinculaciones con la política internacional y local. Así, desde la introducción ya esbozan su esquema analítico: la crisis del algodón resulta fundante de la nueva política imperialista británica en el continente americano, cuya característica fue el uso de fuerzas locales para sus propósitos

Frente a este cuadro América responderá con la Unión Americana de las Repúblicas del Sud del Nuevo Mundo. Allí aparece Felipe Varela como abanderado de esta Unión en el Río de la Plata. Este caudillo catamarqueño encarnará la lucha sudamericana y, además, será el guía y la voz de los oprimidos que depositarán sus esperanzas en él; tal y como lo hicieron otros caudillos sudamericanos y sus masas. La introducción del libro deja claro las siguientes cuestiones: 1. La tesis de un intento de balcanización por parte de Inglaterra para con Sudamérica; 2. Dicha tesis se apoya sobre el concepto de imperialismo tomado de la corriente marxista; 3. El intento de balcanización provoca resistencia sudamericana; 4. De este cuadro histórico surge la figura de Felipe Varela que según Ortega Peña y Duhalde ha sido deliberadamente ocultada por la “historia oficial”.

. El primer capítulo La agresión europea y el destino montonero, está dedicado a desandar las causas y las formas de las intervenciones inglesas durante la década de 1860. Para los autores la potencia industrial no necesito llevar a cabo guerras en forma directa, sino que la diplomacia y el poder de la Banca de John Bull, sustituyeron con eficacia, a los cañones y barcos de su flota de guerra, que por otra parte, era la reserva estratégica contundente de la política imperial. De esta forma van describiendo los conflictos sucedidos en esta época: I) La intervención en México (1863-1865); II) La guerra del Guano (1862); III) La crisis del algodón y la guerra del Paraguay (1865-1870). En este cuadro el Paraguay del Mariscal Solano López es elogiado como el país más proteccionista de Sudamérica, donde el Estado tenía el monopolio sobre las maderas de construcción y la yerba mate. Existían en el país repartos de tierras a los indios, una incipiente industria metalúrgica, la primera línea telegráfica regional, una marina mercante con 11 barcos, industrias de fundición, el primer ferrocarril de América del Sur, fábricas de armamentos y hornos de fundición. Francisco Solano López dará impulso en el país a Las obras públicas y la extensión de las zonas de cultivo, se incrementaron paralelamente a la instrucción pública y al desarrollo militar. En la visión de Ortega Peña y Duhalde, Francisco Solano López hereda un Estado paraguayo autónomo que venía de las gestiones de José Gaspar de Francia y de su padre, Carlos Antonio López.

Paraguay es mostrado como un “modelo alternativo” al planteado por las oligarquías locales de los demás países y era considerado como un “mal ejemplo” para estas. Los autores consideraron a Solano López padre e hijo, como los promotores de un modelo económico antagónico al profesado por Bartolomé Mitre en Argentina. Mientras Paraguay avanza en un modelo de industrialización ligado al mercado interno, sin endeudamiento y con un fuerte papel del Estado como motor del desarrollo y en la redistribución del ingreso a favor de los sectores desposeídos, en la Argentina se desenvuelve un modelo de país agrario, de cara al puerto, ligado a Inglaterra y para pocos. La intervención inglesa- vía Argentina y Brasil- acabaría con este desarrollo autónomo. Pero ¿por qué se produce dicha intervención? Como se dijo en un principio la piedra angular es la crisis del algodón. Dicha crisis- dicen estos autores- se produce por la guerra de secesión norteamericana, la cual deja sin materia prima a la corona inglesa que debe lanzarse a buscar nuevas fuentes de explotación: Brasil, India, Egipto y Siam son sus proveedores. Pero este “cottom boom”, iniciado en 1862, se acaba en 1867. En este último año, se producen las misiones “pacificadoras” de la Guerra del Paraguay de Mr. Washburn,

norteamericano, y de Mr. Gould, inglés, y el pronunciamiento revolucionario de Felipe Varela (Ibíd.: 40). A esto se le suma la crisis monetaria (1866) producto del intercambio comercial con países proveedores de materia prima. Todo ello llevaría a la búsqueda de lugares aptos para plantar algodón. Así, los ingleses, emplean maniobras pacificas para apoderarse del algodón paraguayo, aunque en obteniendo un rechazo por parte de Solano López, el que sellaría su destino: la guerra. La búsqueda de algodón y de su zona de cultivo, no sería la única causa de planificación de la guerra por parte de Inglaterra (Ibíd. 47). La libre navegación de los ríos seria otro de los objetivos de la diplomacia de la corona: con EEUU en guerra y Francia aliada de Inglaterra, en medio de una crisis económica, solo los británicos podían realizar la empresa de navegar hacia Asunción. La libre navegación del rio Paraguay habilitaba el libre comercio al cual el Lope tiempo (la época de López) se había negado. Inglaterra no podía tolerar el proyecto que el presidente paraguayo heredaba de José Gaspar de Francia: un Estado moderno, nacional y proteccionista. He aquí la causa de tamaño genocidio el quid de la cuestión: el proteccionismo paraguayo (Ibíd.: 47). Brasil, Argentina y Uruguay se lanzarían, en nombre de la libertad, contra el Estado más libre de América. Y el pueblo argentino, dirigido por Felipe Varela, lucharía por el Paraguay proteccionista y republicano (Cfr. Ortega Peña; Duhalde. 1975:49). Pero, el punto clave es la Alta Banca que fuera la causa eficiente y final de la guerra. Son el Banco de Londres, la Baring y otras firmas inglesas las que financian la conducción diplomática de la Guerra y lo hacen por necesidad objetiva de acrecentar ganancias. Es así como Paraguay, devastado, se sumirá en deudas. Por su parte, Mitre buscaba una victoria que lo consolide frente a los federales alzados y cimiente su alianza con Brasil. Éste, por su parte, tenía motivos geográficos, políticos y económicos: el Matto Grosso- tarde o temprano- quedaría en manos de Paraguay, los brasileros envidiaban las tierras y el algodón paraguayo, tenían pretensión de hegemonía sobre el rio de la Plata y la Aristocracia esclavista no toleraba a la nación proteccionista. Paraguay tenía que repetir el camino de Mitre que contrató un empréstito por dos millones y medio de pesos, de los cuales llegan sólo el 69 %. Todo el artilugio que hace estremecer a la América del sud da como resultado que, al terminar la guerra, endeudaron al Paraguay en ruinas, con empréstitos usurarios, de los que jamás se recuperaría plenamente.

En base a este cuadro se produce el acontecimiento. Brasil y Paraguay entran en guerra en 1864, tras la ocupación del primero a Uruguay; Solano López pide permiso para pasar por Corrientes hacia Uruguay, pero le es denegado por Mitre. Solano contaba con el apoyo de Urquiza, pero, al final, este falla. En esto radica el destino montonero: Varela se alza el 6 de diciembre de 1866- mientras cruzaba con la baquía propia los bosques de la cordillera- dando un pronunciamiento que- según la obra que se estudia aquí- no era una simple reacción romántica: Felipe Varela, al responder a las necesidades de las masas del nordeste argentino, comprendía que resultaba forzoso preparar y ejecutar un programa político (Ibíd.: 85). Paso siguiente, se desatan las operaciones del “caudillo al servicio de las masas” conjugadas con el levantamiento de Mendoza del 9 de septiembre de 1866 contra la guerra del Paraguay (el coronel Manuel Arias a la cabeza). El 2 de febrero de 1867 Varela- que venía de vencer en Nacimiento Linares- manda a su segundo Medina a La Rioja provocando el estallido ese mismo día. La otra pata son los levantamientos de los caudillos de San Luis: Juan Rodríguez y Felipe Saá. Se van sucediendo las proclamas, como por ejemplo las del Gral. Posse en Córdoba y Eduardo Conesa en Buenos Aires. Entre los montoneros está la encarnación viva de la línea nacional entre San Martín, Rosas y los pronunciamientos varelistas: Francisco Clavero. Este fue granadero de San Martín, actuó en los fortines durante la época de Rosas y en Caseros al lado del estanciero, también lucho al lado de Juan Saá y luego junto con Peñaloza sitia Mendoza y San Juan. Cuatro meses después de la muerte de Peñaloza, es perdonado por Mitre y salva su vida, pero se une a Varela y su montonera.

La corona británica enfrenta al caudillo: el agente de S.M.B Mr. Mathew ofrece todo el apoyo al gobierno de Mitre; la clase ganadera era totalmente dependiente del comercio británico y había nacionalizado la deuda de origen “rivadaviana-urquicista”. La dependencia económica de la clase dirigente llevaría a aceptar los destinos de la Foreign Office. Es durante la presidencia de Mitre que se produce la destrucción general de las industrias y artesanados del interior del país en condiciones de pasar al período fabril y manufacturero. La política ganadera aniquilaba todo proteccionismo ahogando al interior, y todo ello a cambio de agua corriente para privilegiados y dividendos para los cortadores de cupones de la “City”. El desarrollo capitalista en la estancia-saladero, del cual eran protagonistas los hacendados del Litoral y Buenos Aires, había desarrollado cierta tecnificación y una masa de desocupadas que mantenía los salarios a la baja. La hora de la “balcanización” argentina había pasado. Llegaba ahora el momento de unificar al país, bajo el plan antinacional de la oligarquía mitrista vasalla de Gran Bretaña. Mitre es el artífice violento de dicha unión.

Ante todo, este cuadro se revela Felipe Varela: El caudillo de masas. Siguiendo los planteos de la obra estudiada aquí, se sostiene lo siguiente: Felipe Varela nació en 1821 en el departamento de Valle Viejo, en la provincia de Catamarca. Murió en Ñantoco, Chile, el 4 de junio de 1870 con sólo con 49 años y en la más absoluta miseria. Su vida fue desconocida por mucho tiempo y no aparece en los manuales escolares, su gesta no es estudiada en las universidades, ni recordada en los grandes diarios. En algunos casos se lo tergiversó y se le dio el mote de bandolero, salteador, cuando no asesino Este caudillo se dedicaba engordar animales para vender en chile (Huasco y Copiacó). Heredo de su padre el odio al partido unitario. Se casó con Trinidad Castillo y tuvo dos hijos: Inora y Javier. Junto a Castillo y Peñaloza lucha contra Rosas en la “Coalición del Norte”. El conflicto gira en torno a la situación del norte argentino a pesar de la Ley de Aduanas de 1835. Luego de la Batalla de Caseros se integró al Ejército de la Confederación. Asesinado “el Chacho”, Varela ocupó el lugar del caudillo y levantó al interior provinciano contra la política del gobierno mitrista y contra la Guerra del Paraguay. Encarna junto a Francisco Solano López, la lucha americana, en su tentativa histórica por superar la balcanización operada en nuestra América, como consecuencia directa de los designios de la Alta Banca y el Foreing Office (Ibíd. 22). El 6 de diciembre de 1866 se produce la proclama de Varela.

En la República argentina, fue jefe y abanderado de esa unidad continental, frente a la agresión imperialista (Ibíd.: 12). La lucha del caudillo fue la encarnación de los anhelos del pueblo que lo sigue en tanto Varela surge como encarnación heroica de la lucha de las clases oprimidas en un continente que se negaba a ser definitivamente balcanizado (Ibíd.). El catamarqueño se presenta en los combates en nombre de la “Unión Americana” que es al principio sólo un sentimiento. Pero se institucionaliza, organizándose. (…) La Unión Americana”, toma conciencia de que debe superar la balcanización efectuada por el Imperio Británico, desde la época de Canning. (…) Sólo el Gobierno de Mitre eludiría ese sentimiento americanista. Por eso sería repudiado por las masas populares (Ibíd.: 72-77). Esta unión tenía sus antecedentes en las tentativas de Bolívar y su Congreso de Panamá, surge al calor de la intervención francesa y se institucionaliza alrededor de 1862 instalando sedes en Copiapó, La Serena, La Quillota (Chile), en Buenos Aires, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Uruguay. La Unión Americana no fue una doctrina ni una organización política de envergadura, sino, un conjunto de sociedades bajo los mismos preceptos de unión americana. Preceptos tales como protección a la industria, comercio regional integrado, deslindes territoriales, alianza defensiva etc. (Cfr. Ortega Peña, R.; Duhalde, L. 1975: 75-76).

Varela era un federal cuya política fue heredada- objetivamente hablando señalan estos revisionistas de Rosas. Ortega Peña y Duhalde catalogan a Rosas como una de las figuras más importantes en la tarea de unificación americana, obstruida tras su caída en 1852 y la consecuente fragmentación del Virreinato del Río de La Plata. Según ellos, la política de Rosas era la de evitar la disgregación y la de reunificación de la Patria Grande. Sus opositores “La alta Banca y el Foreing Office”, dividieron el territorio e impulsaron la fragmentación y conflictividad en la geopolítica sudamericana. El auténtico federalismo de Varela es factible, porque ha existido una política americana de Rosas, que ha superado todas las tentativas separatistas y agresiones externas e internas (Ibíd.: 163). Esta política americanista de Rosas es aquella que, mediante la ley de Aduanas de 1836 y la unificación de facto del país, supera los intereses inmediatos de la clase ganadera enfrentándose al libre cambio. Más tarde, será el ferrocarril el que cumpla la función de aduana de hecho.

En marzo de 1863, el coronel del pueblo invade Catamarca. Es derrotado por Víctor Maubecín, primero, y por Manuel Taboada, luego. Más tarde estará presente en las batallas de Lomas Blancas (La Rioja) y en Las Playas (Córdoba), donde es herido de gravedad. En 1863, emigra a Chile y de allí va a refugiase en el Corrientes de López Jordán. Se subleva en 1866 y es derrotado en la Batalla del Pozo de Vargas (1867) lo que da pie a su resistencia. Su última batalla, en resistencia, fue en Pastos Grandes (Salta) donde es derrotado por Pedro Corvalán. Refugiado en Chile, fallece el 4 de junio de 1870. En marzo de ese año moría en batalla Francisco Solano López y en 1871 Paraguay contraía un empréstito por un millón de libras. Por último, Ortega Peña y Duhalde, señalan que el canto de las montoneras jordanistas, herederas de las montoneras varelistas, y que enfrentaron la línea de Sarmiento son una invitación que el actual proletariado nacional, heredero de las mejores tradiciones revolucionarias argentinas, recogió un siglo más tarde y que hoy ha convertido en bandera de la liberación nacional e hispanoamericana.

EL TRATADO SECRETO DE LA ALIANZA: Los historiadores mitristas, presentaron la cuestión en forma silogistica.

La guerra que Brasil y la Confederación planeaban, necesitaba la financiación y en 1857, se produce una grave crisis mundial, que paraliza el plan invasor.

Inglaterra, por lo tanto, decide esperar a que esto sea superado. Maniobra y presiona, encomando intereses y viejos litigios historicos, sobre el Imperio de Brasil y Argentina. Da el impulso inicial y promete finaciamiento mediante emprestitos.

Mitre le da a Urquiza el mando de la Alianza, la cual proviene de antes del triunfo de Mitre en Pavón.

Brasil no tenía medios de atacar a Paraguay, sino luego de mucho tiempo para hacer prepatativos y por caminos dependiosos y peligrosos.

“La alianza pemitira que la guerra concluya en tres o cuatro meses, el Brasil no necesita más elementos que los que ya tiene, porque el ejercito Argentino y Oriental llenaran el lugar que era preciso llenar con tropas brasileras.”

El Tratado de la Triple Alianza en su ejemplar argentino, no esta en la cancillería Argentina. Los historiadores no repararon la curiosa circunstancia referida a la falta de publicacion del Tratado, en su versión original, reproduciendose siempre la traducción de la versión mostrada en Inglaterra.

Asegurandose Inglaterra, así, del secreto del tratado teniendo en su poder su prueba y quedandose con el instrumento necesario para un “chantaje politico” que usaría en forma efectiva.

Felipe Varela ve el verdadero significado de la Triple Alianza. En su proclama enuncia que el “Programa” tenía como objetivo la paz y amistad con el Paraguay, y la unión con las demás republicas americanas.

“La guerra con el Paraguay es un acontecimiento premeditado por Mitre. Lopez, solicitó al Gobierno Argentino solicitando el paso inocente de sus ejercitos por Misiones. Fue una guerra en contra de los principios de la Unión Americana, cuya base es la conservación de la soberanía de cada república. Mitre niega la solicitud de Solano Lopez, mientras que pactaba con Brasil hacer un cuartel general en Corrientes. Llevando desde allí, el ataque a a las huestes paraguayas.”

Fue el año 1857 en el que se formó la Alianza contra Paraguay, por parte de la Confederación Argentina y Brasil.

Paraguay sabía que el gobierno de Mitre había autorizado la concentración de tropas imperiales frente a Corrientes, otorgando a los brasileños el derecho de paso.

Lopez contaba con que los federales de Corrientes y los demás elementos vinculados a ellos, se pronunciaran a su favor. Urquiza le ofreció a Lopez, el paso  por territorio argentino. El apoyo falló, por lo tanto, el jefe paraguayo se vio obligado a invadir (por razón militar) a traves de Misiones.

Esto junto al retardo en la publicación de declaraciones de guerra efectuada por Solano Lopez, hicieron que Mitre tratara de dar un caracter defensivo nacional, a la guerra. La verdadera guerra nacional consistió en enfrentar a Mitre, al Brasil y al Imperio Britanico en favor de la unidad.

La unión americana tenía antecedente histórico en las tentativas de Bolivar y su Congreso de Panamá. Al principio solo es un sentimiento, institucionalizandose luego y teniendo organización propia. Surge a raiz de ataques franceses a Mexico, por la protesta del gobierno de Perú contra España, ante la invasión de Haití.

Sus objetivos eran

* Trabajar por unificacion del sentimiento americano y por la conservacion y subsistencia de las ideas republicanas en America, por todos los medios a su alcance.

* Promover y activar relaciones de amistad entre hombres pensadores y libres de la America republicana a fin de popularizar el pensamiento de la Unión Americana y acelerar su realización mediante un congreso de plenipotenciarios.

Es la UNION DE LAS NACIONES DEL CONTINENTE. Debe superar la balcanización efectuada por el Imperio Britanico. Varela sostendrá que los pueblos generosos de la America acogieron con entusiasmo la iniciación de la grande idea, porque ella es escudo de la garantía de su orden social, de sus derechos adquiridos con sangre.  

El Congreso renacía como organización dinámica y combativa bajo principios de unidad americana. Buscando intitucionalizar el sentimiento americano en todos los países.

Un fin trascendental y permanente de la Unión, era el concierto americano para procurar el desarrollo, progreso, bienestar general y vivir para la patria americana.

Los gobiernos populares aceptaron la invitación que se les formuló, de participar del Congreso Continental. Mitre eludirá el sentimiento americanista, y sería repudiado por las masas populares. Se le advertirá que ante su negativa, provocaría su pronta caída junto obstáculos de las potencias trasatlanticas.

Felipe Varela preparaba su pronunciamiento revolucionario.

El imperialismo británico, sistema complejo de relaciones de dominación internacional, como resultado de la unión del capital industrial británico con el bancario y su consecuencia, la existencia de capitales financieros exportadores dio un golpe magistral contra América del Sud, en la década de 1860/70.

El continente responde a esta maniobra con la “Unión Americana”. Los ojos americanos se fijaron en el margen Atlántico, en Uruguay y Argentina, como llave principal de todos los pueblos que van desde esas costas hasta el Pacifico, para concretar la alianza de las Republicas contra ambiciones monarquicas europeas. Se ocultaba, con el rechazo monarquico europeo, el imperialismo en su faz moderna.

Tema 3: “Vanguardia ganadera”, renta agraria, oligarquía y cuestión nacional.

MARX:  Renta diferencial y Absoluta

Existen entonces dos factores cruciales que, según Marx, darían lugar a la formación de una renta absoluta. El primero es que la composición de capital (la relación entre capital constante y trabajo vivo) en la agricultura es menor que la composición media de la economía; por lo tanto, con la misma tasa de explotación, se genera más plusvalía. En consecuencia, el precio directamente proporcional al valor es mayor que el precio de producción (que se forma a partir de la igualación de la tasa de ganancia). El segundo factor es que no opera la tendencia a la nivelación de la tasa de ganancia, de manera que la plusvalía generada en la agricultura no se redistribuye al resto de las ramas. En términos generales, para que exista nivelación de la tasa de ganancia es necesario que haya libre movimiento de los capitales entre las esferas de la producción; sólo así se distribuye la plusvalía “excedente” desde las ramas de baja composición de capital a las ramas de alta composición de capital.

Sin embargo, en la agricultura, sostiene Marx, el capital se enfrenta con el poder que deriva de la propiedad privada de la tierra, que impide su libre afluencia, y por lo tanto no permite que opere plenamente el impulso a la nivelación de la tasa de ganancia. Esto es, la propiedad privada de la tierra es una barrera para la nueva inversión del capital en suelos que no están cultivados o que no han sido alquilados. Si no existiera la propiedad privada de la tierra, esos suelos no alquilados podrían ponerse en producción sin pagar renta, actuaría la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia, y el precio del producto agrícola descendería hasta el precio de producción. Pero dada la propiedad privada, el propietario solo alquila el suelo cuando este genera una renta; y la renta surge de la diferencia entre valor del producto y el precio de producción (según las circunstancias, la renta podría ser igual a toda esa diferencia, o a una parte de la misma).

La existencia de la renta absoluta depende entonces de que la composición del capital en la agricultura sea menor que la composición del capital en el resto de la economía. Marx pensaba que esto se debía a que la agricultura no había progresado a la par de lo que lo había hecho la industria; y esto a su vez podría deberse a causas tecnológicas -la química, la geología y la fisiología aplicadas a la agricultura tardaron más en evolucionar que las ciencias mecánicas, aplicadas a la industria- como económicas, particularmente la propiedad privada de la tierra. Sin embargo, ya en El Capital registraba que los progresos que se estaban haciendo en la agricultura se expresaban en el constante crecimiento del capital constante sobre el variable (p. 966) y alertaba que la cuestión de si en un país capitalista determinado la composición del capital es más baja que la composición media “es una cuestión que solo puede decidirse de manera estadística”. En cualquier caso, si la composición del capital fuera más elevada, o igual al promedio de la economía, habría que descartar la renta absoluta (idem). Esto da pie para reconsiderar si la renta absoluta de la tierra hoy es relevante, o incluso si existe. Pero la cuestión deberá tratarse después de analizar la renta diferencial II y su relación con el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas en la agricultura.

SCHMIT

Roberto Schmit, quien articula íntegramente el trabajo de fuentes con los estudios anteriores sobre el período; pero no se limita solamente a eso, sino que avanza un poco más al lograr identificar los cambios que se sucedieron en este espacio durante el período de la investigación. Al mismo tiempo, analiza dos aspectos interrelacionados; por un lado el impacto de la incorporación de las tierras de la frontera, y por el otro las consecuencias que este proceso tuvo para los diferentes grupos que componían la sociedad entrerriana del siglo XIX. En el primer capítulo aborda las transformaciones que se operaron en el ámbito rural rioplatense de Entre Ríos durante la primera mitad del siglo XIX. Partiendo de un riguroso estado de la cuestión analiza los cambios que se sucedieron en dicho espacio. En un primer momento, observa la configuración económica tras la Revolución por la Independencia y las respuestas de esa sociedad en el período post independentista. En cuanto al desarrollo rural entrerriano, apunta que más allá de los incentivos generados por la demanda internacional, fue significativo el rol de las políticas institucionales implementadas desde el Estado provincial. Una de las características principales de la vida político administrativa de la provincia, fue la poca distancia existente entre los dirigentes provinciales y regionales, encargados éstos últimos de la conducción de las economías locales. Asimismo, destaca que el período 1850/1870 es fundamental para comprender las continuidades y rupturas que se generaron en las unidades productivas a partir de la implementación de un marco jurídico institucional nuevo. Finalmente, cierra el capitulo con una serie de preguntas, las cuales guían y atraviesan toda la obra. En el capítulo segundo, Schmit se explaya en la ocupación de la frontera y la población rural. Comienza el estudio con una detallada descripción de la región, luego expone claramente cómo fue el proceso de poblamiento, desde la colonia y a lo largo del siglo XIX, destacando los diferentes ciclos y ritmos demográficos. Tomando en cuenta el crecimiento de la población, la expansión territorial y las ocupaciones de la sociedad entrerriana, el autor deja bien en claro que la apropiación del espacio siguió el ritmo del incremento poblacional.

Aquí pone en evidencia los distintos aspectos que diferencian a Entre Ríos de las restantes provincias que componen el agro pampeano. Schmit explica cómo la trayectoria del capitalismo rural entrerriano estuvo caracterizada por una serie de transformaciones básicas para su desarrollo entre los años 1850-1870. En este sentido, llega a la conclusión de que el objetivo de dichas transformaciones, consistió en instaurar los derechos de propiedad privada, las libertades mercantiles para vincularse activamente con las demandas ultramarinas, la modernización productiva de las estancias, la constitución de un renovado mercado laboral y de una nueva cultura del trabajo. Todo lo cual implicaba el compromiso estatal para asegurar la provisión de una serie de bienes públicos básicos, que permitieran acompañar adecuadamente el impulso productivo, otorgar seguridad jurídica e incentivar el crédito para la inversión. Sin embargo, durante el período señalado, la situación económica rural se encontraba lejos de alcanzar aquellos objetivos ya que los impulsos del contexto externo y la existencia de nuevas normas resultaron insuficientes para garantizar un desempeño exitoso del capitalismo del Litoral. En síntesis, esta obra a partir del análisis realizado aporta una nueva visión sobre el complejo mundo rural decimonónico entrerriano, destacando los cambios, continuidades y rupturas en el período previo a la inserción completa de la Argentina al modelo agro exportador. Desde su perspectiva, Schmit nos muestra la importancia de la realidad entrerriana de fines del siglo XIX abordando de manera integral cómo se llevó a cabo la expansión rural en la provincia de Entre Ríos. La misma es el resultado de una compleja investigación de las transformaciones económicas, institucionales y sociales de dicha provincia en el período comprendido entre los años 1852-1872; para lo cual, consultó una gran cantidad de fuentes de la época y una destacada selección bibliográfica.

CARMEN SESTO

El texto de Carmen Sesto trata sobre el proceso de refinamiento del ganado vacuno en la segunda mitad del siglo XIX.

Paradigma Hegemónico: el llamado modelo agroexportador fue posible gracias a la existencia de ventajas naturales extraordinarias en La Pampa, aprovechadas por un núcleo relativamente reducido de grandes terratenientes latifundistas poco proclives al esfuerzo productivo, la inversión y el cambio tecnológico. Dichos terratenientes serían entonces el prototipo del empresario “rentista”, y su poder político y económico generaría límites al desarrollo económico del país no sólo durante la vigencia del modelo agroexportador, sino también una vez que dicho modelo se hubiese agotado, ya que su naturaleza insolublemente rentista y especulativa se configuraría como “el” patrón de comportamiento dominante en el grueso de la gran burguesía local.

La interpretación radicalmente distinta que Carmen Sesto hace del proceso de expansión agropecuaria confirma la necesidad de abandonar la idea de que la Argentina estaba condenada a la maldición de tener una burguesía rentista.

El Capítulo primero muestra cómo se conforma la vanguardia ganadera, rastreando sus orígenes y su sendero de aprendizaje. Asimismo, se destaca el hito, considerado clave para la autora, de la fundación de la Sociedad Rural Argentina, y se delinea a grandes rasgos la secuencia de las transformaciones involucradas en el proceso de refinamiento del ganado. En este capítulo Sesto además identifica a los integrantes de la vanguardia -y aporta datos respecto de sus activos-, distinguiendo tres grupos: el núcleo, los seguidores y los rezagados. Aquí la autora ya plantea claramente una interpretación muy diferente de la sostenida por el “paradigma hegemónico”, en tanto que sostiene que la vanguardia estaba constituida por “empresarios fuertemente comprometidos con la producción pecuaria de máxima especialización, como la implantación de una tecnología de alta productividad, cuyo sostén requirió una gran dotación de capital  e inversiones de riesgo en ganado mejorado”.

En el capítulo cuarto se aborda la cuestión del proceso del trabajo. Aquí la autora hace hincapié en el “disciplinamiento” de la mano de obra rural, pero diferenciándose de la interpretación convencional que enfatiza la violencia y conflictividad del proceso de conversión del “gaucho” en peón de estancia, o de la literatura más reciente que hace centro en la cuestión de cómo desde el Estado se operaron mecanismos destinados a “crear” una clase asalariada en un contexto de escasez de la mano de obra o de la que estudia en detalle el carácter estacional de la demanda de trabajo en el período bajo estudio. Sesto, conforme con la orientación y objetivos generales de su trabajo, recurre la secuencia de transformaciones de las formas de trabajo en la estancia en paralelo con las fases del proceso de refinamiento. Para la autora, dicha secuencia comenzó con la introducción de medidas destinadas a cercenar la autonomía de los trabajadores rurales, con el objetivo de introducir prácticas racionales de división del trabajo, para luego avanzar hacia la adopción de pautas jerárquicas de control productivo, secuencia que finalizaría con una mucho mayor especialización de las tareas y la incorporación de un sistema de centralización administrativa a cargo de gerentes profesionales. En esa trayectoria, que la autora interpreta como una asimilación de las formas fabriles de la organización del trabajo, también se abordaron cuestiones vinculadas a la atracción y retención de la fuerza laboral, la adopción de nuevas formas de contratos y remuneraciones y la “moralización” de las costumbres de los peones, siempre en torno al objetivo de gestar una lógica productiva acorde con los cambios en los objetivos y naturaleza de la explotación pecuaria.

Síntesis apropiada de la visión de la autora: “(El salto en la competitividad en la producción de carnes)...necesitó de un ritmo constante de adaptación, sustentabilidad y difusión, inversiones y conocimientos de última generación.... de gran riesgo y volatilidad…(La intervención) de la vanguardia en la ganadería vacuna transformó una actividad retardataria y rudimentaria en una de las más dinámicas en el sector agropecuario, colocando a las carnes argentinas en los primeros lugares del mundo en términos de su desempeño.

En cuanto a las implicancias del trabajo para el debate general sobre el tema del modelo agroexportador y el papel que en su éxito jugaron las ventajas naturales versus el comportamiento de la vanguardia de la que habla Sesto en su trabajo, quiero destacar las siguientes cuestiones:

En primer lugar, si bien en parte la interpretación altamente positiva que hace Sesto del papel de la vanguardia ganadera, como mínimo debería quedar claro que ya no puede sostenerse sin más la vieja hipótesis que atribuye todo el éxito del modelo agroexportador a la renta diferencial de la tierra pampeana.

En segundo lugar, y vinculado con esto último, el trabajo de Sesto permite entender un proceso de cambio tecnológico evolutivo que duró más de cuatro décadas, guiado en buena medida por una lógica de prueba y error, en el cual se conjugaron transformaciones productivas, genéticas, comerciales y organizacionales que terminaron configurando un modelo completamente distinto al vigente a mediados de los años ‘50.

En tercer lugar, un punto central a nuestro juicio es el énfasis de la autora en resaltar que el proceso de inversiones y cambio tecnológico involucrado en el refinamiento fue realizado en condiciones de incertidumbre tanto sobre los resultados técnicos como sobre los comerciales, contrastando fuertemente con la imágen de ganaderos aversos a cualquier tipo de inversión de riesgo.

Tema 4: Crisis y consolidación de la burguesía argentina

GRAMSCI

La problemática que Gramsci apunta a trabajar en este texto tiene que ver con proponer una manera respecto de cómo deberían estudiarse las “situaciones sociales”. Más precisamente, cómo se debería realizar un análisis de las relaciones entre estructura  superestructura en un determinado período histórico a partir de las relaciones de fuerza que operan en las mismas.


En este sentido, la noción de relaciones de fuerza abre la posibilidad a un análisis espacial donde se disputan, en distintos grados, operando de manera dialéctica, relaciones de poder término que Gramsci no utiliza en su texto'.(ahora bien, como se ha señalado) Gramsci distinguirá diferentes grados de relaciones de "fuerzas” por un lado  Relaciones de fuerzas internacionales, donde ubica puntos relacionados con las agrupaciones de #estados en sistemas !hegemónicos, con la independencia  la soberanía por otro, relaciones de fuerzas sociales fundamentales que refieren al desarrollo de las fuerzas productivas, a las relaciones de fuerza político partidarias a las relaciones político inmediatas que se traducen en "fuerzas militares” estas relaciones sociales "fundamentales, que operan en el nivel estructural, son las que impactaran


POMER: La Guerra del Paraguay ¡Gran Negocio!

Inscripto en la corriente revisionista de los sesenta, se propuso discutir la tradición historiográfica clásica, buscando reconstruir los móviles materiales y las consecuencias funestas que aquéllos desencadenaron alrededor de la guerra del Paraguay. Retomado y criticado duramente, sobretodo por la deliberada responsabilidad que atribuye al rol de la presencia inglesa en los países actantes, la versión de León Pomer debe ser vista en contexto, como un intento de intervenir sobre un campo histórico poco desarrollado, en el marco de las discusiones marxistas de su tiempo.